Un estudio reciente del Instituto de Investigación Sanitaria (IIS) Biogipuzkoa y la Universidad de Zaragoza ha confirmado que el ejercicio físico puede transformar la vida incluso en personas centenarias. Según los datos, esta investigación es pionera a nivel mundial y ha demostrado que la capacidad funcional de las personas se puede mantener y mejorar con el ejercicio físico, incluso en edades avanzadas.
El estudio fue llevado a cabo con la colaboración de 19 personas centenarias, 12 de las cuales completaron un programa de entrenamiento. Durante tres meses, los primeros realizaron dos veces por semana un programa de entrenamiento de fuerza con pesas y su propio peso corporal. Los resultados mostraron que estas personas mejoraron significativamente en todas las escalas de fragilidad y capacidad funcional, además de mostrar cambios positivos en biomarcadores asociados a la fragilidad.
Una de las historias más inspiradoras del estudio es la de un hombre de 103 años que pasó de necesitar ayuda para ir al baño a poder levantarse solo por la noche. Otra mujer de 102 años, que inicialmente estaba en silla de ruedas, recuperó fuerza suficiente para levantarse y sentarse sin ayuda.
Los promotores de la investigación destacan que aunque no es posible afirmar que el ejercicio alargue la vida de estas personas, sí se ha constatado que mejora su vida en ámbitos como la autonomía, la seguridad y el bienestar. Este estudio pone de relieve la importancia del ejercicio físico en las personas mayores y sugiere que puede ser una herramienta valiosa para mejorar su calidad de vida.
El estudio fue llevado a cabo con la colaboración de 19 personas centenarias, 12 de las cuales completaron un programa de entrenamiento. Durante tres meses, los primeros realizaron dos veces por semana un programa de entrenamiento de fuerza con pesas y su propio peso corporal. Los resultados mostraron que estas personas mejoraron significativamente en todas las escalas de fragilidad y capacidad funcional, además de mostrar cambios positivos en biomarcadores asociados a la fragilidad.
Una de las historias más inspiradoras del estudio es la de un hombre de 103 años que pasó de necesitar ayuda para ir al baño a poder levantarse solo por la noche. Otra mujer de 102 años, que inicialmente estaba en silla de ruedas, recuperó fuerza suficiente para levantarse y sentarse sin ayuda.
Los promotores de la investigación destacan que aunque no es posible afirmar que el ejercicio alargue la vida de estas personas, sí se ha constatado que mejora su vida en ámbitos como la autonomía, la seguridad y el bienestar. Este estudio pone de relieve la importancia del ejercicio físico en las personas mayores y sugiere que puede ser una herramienta valiosa para mejorar su calidad de vida.