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"El proceso selectivo: ¿quién se ajusta a las normas de la transparencia?"
En los últimos días, hemos visto cómo varios candidatos al puesto de bombero han sido inicialmente clasificados como "no aptos" en el reconocimiento médico provisional, pero luego resultaron finalmente "aptos" después de un período prolongado de revisiones y alegaciones. Esta situación ha generado una gran cantidad de polémica y debate público.
Pero ¿qué hay de otras oposiciones? ¿Por qué este proceso se destaca en comparación con otros procesos selectivos similares?
En realidad, lo que sucede es que los hechos son igualmente significativos, pero no reciben la misma atención. En la pasada oposición a Policía Local, entre la lista provisional y la definitiva del reconocimiento médico, ocho aspirantes pasaron de "no aptos" a "aptos". Además, un noveno aspirante obtuvo también la calificación de apto después de resolver un recurso de alzada.
La pregunta es entonces: ¿por qué este proceso se despierta una intensa polémica mientras otros procesos similares pasan casi desapercibidos?
La respuesta radica en que el debate público y político se mueve por intereses coyunturales, más que por un compromiso real con la objetividad, la equidad y la transparencia. Si el partido político de la oposición busca la limpieza y claridad en los procesos selectivos, debería hacerlo en todos los casos, no solo en aquellos que generan mayor rentabilidad política.
En realidad, hay acuerdos y normativas que establecen procedimientos similares para diferentes oposiciones. Sin embargo, el debate público sigue centrado en ese proceso específico, mientras otros procesos se desarrollan sin la misma atención.
La coherencia institucional y política requiere aplicar el mismo nivel de exigencia a todos los procesos selectivos por igual, independientemente del cuerpo convocado o del contexto político. Al contrario, este enfoque coyuntural no contribuye a reforzar la confianza de la ciudadanía en las instituciones, sino que alimenta la percepción de que el debate público se mueve más por intereses personales que por un compromiso real con la objetividad y la equidad.
En los últimos días, hemos visto cómo varios candidatos al puesto de bombero han sido inicialmente clasificados como "no aptos" en el reconocimiento médico provisional, pero luego resultaron finalmente "aptos" después de un período prolongado de revisiones y alegaciones. Esta situación ha generado una gran cantidad de polémica y debate público.
Pero ¿qué hay de otras oposiciones? ¿Por qué este proceso se destaca en comparación con otros procesos selectivos similares?
En realidad, lo que sucede es que los hechos son igualmente significativos, pero no reciben la misma atención. En la pasada oposición a Policía Local, entre la lista provisional y la definitiva del reconocimiento médico, ocho aspirantes pasaron de "no aptos" a "aptos". Además, un noveno aspirante obtuvo también la calificación de apto después de resolver un recurso de alzada.
La pregunta es entonces: ¿por qué este proceso se despierta una intensa polémica mientras otros procesos similares pasan casi desapercibidos?
La respuesta radica en que el debate público y político se mueve por intereses coyunturales, más que por un compromiso real con la objetividad, la equidad y la transparencia. Si el partido político de la oposición busca la limpieza y claridad en los procesos selectivos, debería hacerlo en todos los casos, no solo en aquellos que generan mayor rentabilidad política.
En realidad, hay acuerdos y normativas que establecen procedimientos similares para diferentes oposiciones. Sin embargo, el debate público sigue centrado en ese proceso específico, mientras otros procesos se desarrollan sin la misma atención.
La coherencia institucional y política requiere aplicar el mismo nivel de exigencia a todos los procesos selectivos por igual, independientemente del cuerpo convocado o del contexto político. Al contrario, este enfoque coyuntural no contribuye a reforzar la confianza de la ciudadanía en las instituciones, sino que alimenta la percepción de que el debate público se mueve más por intereses personales que por un compromiso real con la objetividad y la equidad.