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En el corazón del Vaticano, un malestar crece entre los empleados de la Santa Sede. Según una encuesta realizada por la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (Adlv), un 80% de los respondientes considera que su entorno laboral no premia el espíritu de iniciativa, el mérito ni la experiencia.
El 75,8% de los encuestados se declaró descontento con favoritismos y desigualdades de trato en su lugar de trabajo, mientras que el 73,4% se quejó de falta de formación y atención hacia sus necesidades. Un 56% denunció incluso situaciones de mobbing, un delito que no está tipificado en el ordenamiento vaticano.
El Adlv ha dirigido un mensaje directo a León XIV, presentado en forma de "sugerencias" dirigidas al propio Papa, en las que pide mayor dignidad y respeto por sus derechos. También reclama la apertura de un diálogo real y la revisión de los salarios, así como la ampliación de las protecciones para las familias.
Las protestas comienzan a aflorar después de las reformas iniciadas por el Papa Francisco en 2021, que recortaron salarios y suspendieron incrementos automáticos por antigüedad. En 2008, las retribuciones permanecen congeladas desde entonces.
El Adlv denuncia que incluso dentro del Vaticano, los sueldos ya no son suficientes, y que los empleados han sufrido el bloqueo de ascensos y recortes en la asistencia sanitaria. La Santa Sede limita las contrataciones para contener un coste laboral anual de 10 millones de euros, lo que ha abierto una grieta social dentro de la Iglesia.
En el Vaticano trabajan cerca de 5.000 personas, repartidas entre el gobierno central de la Iglesia y el Estado pontificio. Muchos de ellos no han visto aumento su salario desde hace casi dos décadas y han sido víctimas del bloqueo de ascensos y recortes en la asistencia sanitaria.
El 75,8% de los encuestados se declaró descontento con favoritismos y desigualdades de trato en su lugar de trabajo, mientras que el 73,4% se quejó de falta de formación y atención hacia sus necesidades. Un 56% denunció incluso situaciones de mobbing, un delito que no está tipificado en el ordenamiento vaticano.
El Adlv ha dirigido un mensaje directo a León XIV, presentado en forma de "sugerencias" dirigidas al propio Papa, en las que pide mayor dignidad y respeto por sus derechos. También reclama la apertura de un diálogo real y la revisión de los salarios, así como la ampliación de las protecciones para las familias.
Las protestas comienzan a aflorar después de las reformas iniciadas por el Papa Francisco en 2021, que recortaron salarios y suspendieron incrementos automáticos por antigüedad. En 2008, las retribuciones permanecen congeladas desde entonces.
El Adlv denuncia que incluso dentro del Vaticano, los sueldos ya no son suficientes, y que los empleados han sufrido el bloqueo de ascensos y recortes en la asistencia sanitaria. La Santa Sede limita las contrataciones para contener un coste laboral anual de 10 millones de euros, lo que ha abierto una grieta social dentro de la Iglesia.
En el Vaticano trabajan cerca de 5.000 personas, repartidas entre el gobierno central de la Iglesia y el Estado pontificio. Muchos de ellos no han visto aumento su salario desde hace casi dos décadas y han sido víctimas del bloqueo de ascensos y recortes en la asistencia sanitaria.