LatinoExprés
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En el corazón del cuerpo humano late una leyenda mágica, una sabiduría que cambia de color según la emoción. El camaleón es su arquetipo, un animal que nos enseña a vivir en armonía con nuestras emociones.
La piel del camaleón está pintada con células cromáticas capaces de mudar su tonalidad y brillo para camuflarse en el entorno. Pero estas células no solo responden a la luz del sol, también están ligadas a los estados emocionales del animal. Un sentimiento de peligro puede hacer que las células se vuelvan más oscuras, mientras que una ilusión amorosa puede hacer que se vuelvan más luminosas.
Nuestra emoción es similar, según el médico William James. Necesitamos al cuerpo para dar sentido a nuestras emociones, ya que sin las sensaciones corporales, las emociones serían solo una construcción intelectual y abstracta. El corazón palpite ante un susto, la respiración se entrecorta de ansiedad, la tensión muscular del miedo o la ligereza de la alegría.
Pero ¿podemos controlar nuestra respuesta corporal ante las emociones? Según una investigación de la Universidad de Harvard, la respuesta es sí. Al dirigir la atención a las sensaciones que una emoción produce en nuestro cuerpo, podemos regular la reacción del cuerpo ante esa emoción y, por tanto, nuestra experiencia.
La clave está en la corteza frontal, el "cuartel general" del cerebro, que convoca al cuerpo a sosegar la actividad amigdalina. Al sostener la atención sobre uno mismo, se recupera el sentido de identidad, de dominio sobre el propio estado mental y cuerpo. Pasamos de absorber la emoción a observarla, y eso supone un cambio en los circuitos cerebrales que transforma nuestra experiencia.
El camaleón tiene ojos sin igual, pero nosotros también tenemos una mirada poderosa. La corteza frontal nos permite ver nuestras emociones como si fueran algo externo, algo que podemos observar y controlar. No es tan difícil apaciguar a la amígdala y evitar ser absorbidos por las emociones.
La tradición peul considera al camaleón un genio de su mitología porque él mismo contiene el remedio a su propio camuflaje. Y nosotros también podemos aprender de él, aprendiendo a vivir en armonía con nuestras emociones y no dejar que nos dominen.
La piel del camaleón está pintada con células cromáticas capaces de mudar su tonalidad y brillo para camuflarse en el entorno. Pero estas células no solo responden a la luz del sol, también están ligadas a los estados emocionales del animal. Un sentimiento de peligro puede hacer que las células se vuelvan más oscuras, mientras que una ilusión amorosa puede hacer que se vuelvan más luminosas.
Nuestra emoción es similar, según el médico William James. Necesitamos al cuerpo para dar sentido a nuestras emociones, ya que sin las sensaciones corporales, las emociones serían solo una construcción intelectual y abstracta. El corazón palpite ante un susto, la respiración se entrecorta de ansiedad, la tensión muscular del miedo o la ligereza de la alegría.
Pero ¿podemos controlar nuestra respuesta corporal ante las emociones? Según una investigación de la Universidad de Harvard, la respuesta es sí. Al dirigir la atención a las sensaciones que una emoción produce en nuestro cuerpo, podemos regular la reacción del cuerpo ante esa emoción y, por tanto, nuestra experiencia.
La clave está en la corteza frontal, el "cuartel general" del cerebro, que convoca al cuerpo a sosegar la actividad amigdalina. Al sostener la atención sobre uno mismo, se recupera el sentido de identidad, de dominio sobre el propio estado mental y cuerpo. Pasamos de absorber la emoción a observarla, y eso supone un cambio en los circuitos cerebrales que transforma nuestra experiencia.
El camaleón tiene ojos sin igual, pero nosotros también tenemos una mirada poderosa. La corteza frontal nos permite ver nuestras emociones como si fueran algo externo, algo que podemos observar y controlar. No es tan difícil apaciguar a la amígdala y evitar ser absorbidos por las emociones.
La tradición peul considera al camaleón un genio de su mitología porque él mismo contiene el remedio a su propio camuflaje. Y nosotros también podemos aprender de él, aprendiendo a vivir en armonía con nuestras emociones y no dejar que nos dominen.