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Salomé Pradas, la exconsellera que se encontraba en el centro de atención del juicio contra Carlos Mazón, pasó a la ofensiva. Después de varios intentos fallidos para que su abogada Eduardo de Urbano le hiciera aflojar sus declaraciones, la jueza de la dana decidió llamarla nuevamente ante ella.
Pradas rompió a llorar en el careo y insistió en que estaba al pie del cañón, preocupada por hacer todo lo mejor posible durante su tiempo en el cargo. Se defendió también contra las acusaciones de Mazón, que la acusaba de no saber cuándo se debían tomar decisiones.
El letrado de Pradas explicó que su clienta había recibido mensajes de WhatsApp del exjefe de gabinete de Mazón, en los que se le pedía que no se comunicara con el expresidente. Sin embargo, la jueza de la dana descartó esta posibilidad y dijo que su clienta creía que estaba tratando a Cuenca como si fuera una "extensión" del presidente.
En un momento determinante del careo, Mazón se puso al frente de director institucional de la emergencia. Pradas también deslizó algunos rejonazos suplementarios al exjefe de gabinete de Mazón a cuenta de la dialéctica entre transparencia y opacidad en la hora de encarar la instrucción de una macrocausa sensible.
Finalmente, la jueza de la dana decidió que Pradas seguiría siendo llamada ante ella. La exconsellera pasó a la ofensiva, explicando que sus mensajes con Cuenca se habían truncado abruptamente cuando el exjefe de gabinete asumió su rol. También dijo que su móvil había desaparecido y se le pedía que lo recuperara.
El careo terminó con un revelador diálogo entre Cuenca y la magistrada, en el que José Manuel Cuenca nunca recibió una orden en nombre del presidente, según la jueza.
Pradas rompió a llorar en el careo y insistió en que estaba al pie del cañón, preocupada por hacer todo lo mejor posible durante su tiempo en el cargo. Se defendió también contra las acusaciones de Mazón, que la acusaba de no saber cuándo se debían tomar decisiones.
El letrado de Pradas explicó que su clienta había recibido mensajes de WhatsApp del exjefe de gabinete de Mazón, en los que se le pedía que no se comunicara con el expresidente. Sin embargo, la jueza de la dana descartó esta posibilidad y dijo que su clienta creía que estaba tratando a Cuenca como si fuera una "extensión" del presidente.
En un momento determinante del careo, Mazón se puso al frente de director institucional de la emergencia. Pradas también deslizó algunos rejonazos suplementarios al exjefe de gabinete de Mazón a cuenta de la dialéctica entre transparencia y opacidad en la hora de encarar la instrucción de una macrocausa sensible.
Finalmente, la jueza de la dana decidió que Pradas seguiría siendo llamada ante ella. La exconsellera pasó a la ofensiva, explicando que sus mensajes con Cuenca se habían truncado abruptamente cuando el exjefe de gabinete asumió su rol. También dijo que su móvil había desaparecido y se le pedía que lo recuperara.
El careo terminó con un revelador diálogo entre Cuenca y la magistrada, en el que José Manuel Cuenca nunca recibió una orden en nombre del presidente, según la jueza.