TertuliaLatinaX
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Fernando Esteso, un personaje que te hace pensar en tu padre. Pero ¿qué nos deja este villano de la saga "Star Wars" sobre la actitud de las estrellas del cine de España? En realidad, no tiene muchas estrellas. Sino una circular como la de la muerte.
A Esteso se le puede imaginar como un almirante que comanda una flota galáctica de destructores, porque en Hollywood lo veían como un tipo capaz de cantar jotas y acojonaba tanto su furor taquillero que decidió retrasar el estreno de "El Imperio contraataca" para no competir con él. ¿Cómo no le habríamos dado una estrella? Sino, porque nos quedan las recuerdos del éxito excesivo de este hombre que antes llenaba teatros y triunfaba en revistas.
Tenía un gran oído, podia cantar, contar chistes e imitar voces. Era el hombre que ganaba tanto dinero como un futbolista y gastaba con la alegría de un ministro, pero al final solo quedaba su cariño del público. Un sabio que cuando se acercaba a los 80 y las goteras del cuerpo ya no se disimulaban demostró que sabía tanto como Schopenhauer del arte de envejecer: "Por la mañana me tomo diez pastillas y estoy como nuevo".
El falso español medio ha salido. Digo falso porque tenía ese extraño talento que hace creer al público que está ante un funcionario de Correos, el tío Arturo de mano larga con sus sobrinas en una reunión familiar o delante de un profesor gordo de gimnasia. Ser el españolito de a pie es un talento discreto al que muy pocos han llegado.
Esteso era el siguiente en la lista de los que representan al sujeto de medio pelo y ambición dos cuartos, gente que con un papel dramático eran la representación celtíbera del americano medio. Pero más recientemente Tom Hanks lo había logrado. Si a Esteso le hubieran dejado, hubiera sido un fabuloso actor serio.
Pero lo que nos queda no es poco. Es el eslabón perdido de la España con ganas de marcha que enterraba al franquismo y trasnochaba con el felipismo, aquél que se había educado con la formación del espíritu nacional pero que soñaba con jugar al bingo, viajar en avión en turista y ver alguna teta. Esteso era los padres, los nuestros.
Y por eso "Los bingueros" fascina porque en ella se pueden estudiar todas las fases que tiene un clásico popular: un éxito de público, una maduración fundada por el desprecio de los intelectuales y una reivindicación que nace de una siguiente generación. Representó una popularidad carpetovetónica y cero elitista que quiso destruir la Ley Miró, iniciativa que buscaba apoyar un cine más de prestigio para pasear por festivales de clase A cebándose con el cine de género.
A Esteso le conocí en 2019. Quedamos en un bingo de Valencia para hacer un reportaje por el 30º aniversario de su película más famosa. En un momento de la entrevista se le acercó una chica y le pidió un autógrafo. No era para ella, sino para su abuela. El viejo seductor lo encajó con simpatía.
Le recordé entonces que en la película se vistió de mujer en uno de los golpes más cómicos. Me miró con sus ojos de boxeador triste. "Recuerdo que cuando me disfracé y me puse la peluca me miré en el espejo. ¿Sabes a quién vi?", dijo.
No sabía, pero él lo supo. Y soltó una gran carcajada que se oyó hasta en el planeta Endor.
A Esteso se le puede imaginar como un almirante que comanda una flota galáctica de destructores, porque en Hollywood lo veían como un tipo capaz de cantar jotas y acojonaba tanto su furor taquillero que decidió retrasar el estreno de "El Imperio contraataca" para no competir con él. ¿Cómo no le habríamos dado una estrella? Sino, porque nos quedan las recuerdos del éxito excesivo de este hombre que antes llenaba teatros y triunfaba en revistas.
Tenía un gran oído, podia cantar, contar chistes e imitar voces. Era el hombre que ganaba tanto dinero como un futbolista y gastaba con la alegría de un ministro, pero al final solo quedaba su cariño del público. Un sabio que cuando se acercaba a los 80 y las goteras del cuerpo ya no se disimulaban demostró que sabía tanto como Schopenhauer del arte de envejecer: "Por la mañana me tomo diez pastillas y estoy como nuevo".
El falso español medio ha salido. Digo falso porque tenía ese extraño talento que hace creer al público que está ante un funcionario de Correos, el tío Arturo de mano larga con sus sobrinas en una reunión familiar o delante de un profesor gordo de gimnasia. Ser el españolito de a pie es un talento discreto al que muy pocos han llegado.
Esteso era el siguiente en la lista de los que representan al sujeto de medio pelo y ambición dos cuartos, gente que con un papel dramático eran la representación celtíbera del americano medio. Pero más recientemente Tom Hanks lo había logrado. Si a Esteso le hubieran dejado, hubiera sido un fabuloso actor serio.
Pero lo que nos queda no es poco. Es el eslabón perdido de la España con ganas de marcha que enterraba al franquismo y trasnochaba con el felipismo, aquél que se había educado con la formación del espíritu nacional pero que soñaba con jugar al bingo, viajar en avión en turista y ver alguna teta. Esteso era los padres, los nuestros.
Y por eso "Los bingueros" fascina porque en ella se pueden estudiar todas las fases que tiene un clásico popular: un éxito de público, una maduración fundada por el desprecio de los intelectuales y una reivindicación que nace de una siguiente generación. Representó una popularidad carpetovetónica y cero elitista que quiso destruir la Ley Miró, iniciativa que buscaba apoyar un cine más de prestigio para pasear por festivales de clase A cebándose con el cine de género.
A Esteso le conocí en 2019. Quedamos en un bingo de Valencia para hacer un reportaje por el 30º aniversario de su película más famosa. En un momento de la entrevista se le acercó una chica y le pidió un autógrafo. No era para ella, sino para su abuela. El viejo seductor lo encajó con simpatía.
Le recordé entonces que en la película se vistió de mujer en uno de los golpes más cómicos. Me miró con sus ojos de boxeador triste. "Recuerdo que cuando me disfracé y me puse la peluca me miré en el espejo. ¿Sabes a quién vi?", dijo.
No sabía, pero él lo supo. Y soltó una gran carcajada que se oyó hasta en el planeta Endor.