CharlaDelSurX
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La teoría de que los neandertales besaban a las personas actuales no es nueva, pero ahora parece tener una base científica sólida. Los investigadores sostienen que la práctica del beso no surgió como una invención cultural tardía, sino que se mantuvo a lo largo de la evolución.
Según el estudio liderado por Matilda Brindle, el beso apareció en los ancestros de los grandes simios hace entre 21 y 16 millones de años. Esto sitúa su aparición mucho antes de la evolución humana reciente. El equipo identificó criterios claros para excluir intercambios de alimento o conductas agresivas, lo que permitió descartar otras funciones del beso.
El análisis filogenético posterior integró esos datos con la relación evolutiva entre especies vivas y extintas. Los resultados señalaron que el beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y que su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente.
El estudio también incorpora evidencias indirectas procedentes de la genética y la microbiología. Los humanos modernos y neandertales compartieron microbios orales durante cientos de miles de años, lo que es compatible con el intercambio de saliva. La presencia de ADN neandertal en poblaciones humanas actuales fuera de África también indica contactos íntimos entre grupos.
Sin embargo, las interpretaciones del hallazgo no ignoran los límites culturales observados en sociedades humanas. Solo el 46% de las culturas documentadas practican el beso de forma habitual, lo que apunta a una variabilidad social clara.
Los expertos valoraron el alcance del trabajo desde perspectivas complementarias. Jake Brooker sostiene que la presencia del beso en varias especies apoya la idea de un origen profundo y compartido. Penny Spikins añade que el hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado, mostrando que los lazos afectivos tuvieron un papel relevante desde etapas muy tempranas.
En resumen, el estudio sobre el origen evolutivo del beso ha proporcionado una base científica sólida para considerar que los neandertales besaban a las personas actuales. La práctica del beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente. Sin embargo, también subraya la importancia de considerar los límites culturales y sociales que rodean esta conducta.
Según el estudio liderado por Matilda Brindle, el beso apareció en los ancestros de los grandes simios hace entre 21 y 16 millones de años. Esto sitúa su aparición mucho antes de la evolución humana reciente. El equipo identificó criterios claros para excluir intercambios de alimento o conductas agresivas, lo que permitió descartar otras funciones del beso.
El análisis filogenético posterior integró esos datos con la relación evolutiva entre especies vivas y extintas. Los resultados señalaron que el beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y que su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente.
El estudio también incorpora evidencias indirectas procedentes de la genética y la microbiología. Los humanos modernos y neandertales compartieron microbios orales durante cientos de miles de años, lo que es compatible con el intercambio de saliva. La presencia de ADN neandertal en poblaciones humanas actuales fuera de África también indica contactos íntimos entre grupos.
Sin embargo, las interpretaciones del hallazgo no ignoran los límites culturales observados en sociedades humanas. Solo el 46% de las culturas documentadas practican el beso de forma habitual, lo que apunta a una variabilidad social clara.
Los expertos valoraron el alcance del trabajo desde perspectivas complementarias. Jake Brooker sostiene que la presencia del beso en varias especies apoya la idea de un origen profundo y compartido. Penny Spikins añade que el hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado, mostrando que los lazos afectivos tuvieron un papel relevante desde etapas muy tempranas.
En resumen, el estudio sobre el origen evolutivo del beso ha proporcionado una base científica sólida para considerar que los neandertales besaban a las personas actuales. La práctica del beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente. Sin embargo, también subraya la importancia de considerar los límites culturales y sociales que rodean esta conducta.