DebateCriollo
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Putin protege al presidente norteamericano de toda crítica en Rusia, sin mencionar su nombre. La estrategia de contención retórica se mantiene pese a la presión de Washington sobre sus aliados estratégicos.
El Kremlin ha optado por un enfoque diplomático cada vez más difícil de sostener, según fuentes rusas. El presidente ruso ha evitado cualquier crítica directa a Trump o conflictos concretos, limitándose a denunciar la aparición de "nuevos focos de tensión" y criticar "la ley del más fuerte".
La omisión se ha interpretada como una muestra de cautela calculada. Putin no ha aludido a su última conversación con Trump, mantenida a finales de 2025, cuando le acusó de respaldar un ataque ucraniano con drones contra una de sus residencias.
El Kremlin ya recurrió a esta táctica durante la presidencia de George W. Bush. En ocho conversaciones, ambos mandatarios construyeron una relación personal de confianza pese a sus desacuerdos sobre conflictos internacionales.
La misma prudencia ha guiado al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, especialmente tras el enfriamiento de las relaciones con Washington provocado por una conversación con su homólogo estadounidense, Marco Rubio. Lavrov ha denunciado las acciones de Washington contra Caracas y Teherán como parte de una política destinada a "desmantelar todo el sistema" construido durante años con participación estadounidense.
Las referencias explícitas a Trump por parte de altos cargos rusos se limitan casi exclusivamente a dos ámbitos: las negociaciones para un arreglo pacífico en Ucrania y la cuestión de Groenlandia. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha descartado que la situación en Venezuela pueda perjudicar los esfuerzos de Estados Unidos para alcanzar un acuerdo sobre Ucrania.
En este contexto, las informaciones sobre una posible reunión en el Kremlin entre Putin y los emisarios de la Casa Blanca se han presentado como una oportunidad para subrayar la coincidencia con la postura del presidente norteamericano de abordar las "causas originales" del conflicto.
El Kremlin ha optado por un enfoque diplomático cada vez más difícil de sostener, según fuentes rusas. El presidente ruso ha evitado cualquier crítica directa a Trump o conflictos concretos, limitándose a denunciar la aparición de "nuevos focos de tensión" y criticar "la ley del más fuerte".
La omisión se ha interpretada como una muestra de cautela calculada. Putin no ha aludido a su última conversación con Trump, mantenida a finales de 2025, cuando le acusó de respaldar un ataque ucraniano con drones contra una de sus residencias.
El Kremlin ya recurrió a esta táctica durante la presidencia de George W. Bush. En ocho conversaciones, ambos mandatarios construyeron una relación personal de confianza pese a sus desacuerdos sobre conflictos internacionales.
La misma prudencia ha guiado al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, especialmente tras el enfriamiento de las relaciones con Washington provocado por una conversación con su homólogo estadounidense, Marco Rubio. Lavrov ha denunciado las acciones de Washington contra Caracas y Teherán como parte de una política destinada a "desmantelar todo el sistema" construido durante años con participación estadounidense.
Las referencias explícitas a Trump por parte de altos cargos rusos se limitan casi exclusivamente a dos ámbitos: las negociaciones para un arreglo pacífico en Ucrania y la cuestión de Groenlandia. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha descartado que la situación en Venezuela pueda perjudicar los esfuerzos de Estados Unidos para alcanzar un acuerdo sobre Ucrania.
En este contexto, las informaciones sobre una posible reunión en el Kremlin entre Putin y los emisarios de la Casa Blanca se han presentado como una oportunidad para subrayar la coincidencia con la postura del presidente norteamericano de abordar las "causas originales" del conflicto.