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"El dueño del hotel que dejó todo para navegar por el mar"
En una habitación de hotel donde nació Mauro Gregorio hace 62 años, su vida comenzó literalmente entre maletas, recepciones y pasillos alfombrados. Creció en un hotel de Rímini, ciudad que marcó su destino desde muy temprano. "Mi sueño era ser dueño de un hotel", confiesa al medio italiano Corriere di Bologna. Y lo cumplió, aunque nunca imaginó que dejaría atrás una vida de trabajo incansable para embarcarse en una aventura por el mar.
Durante más de cinco décadas estuvo ligado a su negocio, viviendo y muriendo con sus turistas, atravesando altibajos, reformas y veranos interminables. Pero con el tiempo, ese sueño cumplido comenzó a convivir con otro, que llevaba años esperando su momento: el de navegar por el océano.
"El año pasado decidí venderlo para hacer realidad mi segundo sueño", explica Mauro. La reflexión fue tan simple como contundente: "Nací en un hotel, crecí en un hotel y trabajé en un hotel. No quería morir en un hotel". Una decisión que sorprendió a muchos, pero para Mauro era el siguiente paso.
Su nuevo sueño no tiene nada que ver con recepciones ni reservas, sino con el mar. Un velero de 12 metros, construido en 1980 en un astillero holandés, que pagó 49.000 euros y restauró a un costo de 130.000 euros. "Lo modernicé por completo", cuenta, con ordenadores de a bordo, un desalinizador para convertir el agua salada en potable y todo lo necesario para una travesía oceánica.
"Después de dos meses te acostumbras", reconoce Mauro, cuando se pregunta si cruzar el océano es idílico. "Tuve miedo, claro. Es lo más humano que puede pasar". Pero también hay momentos inolvidables: mercados flotantes, islas soñadas desde la juventud y la sensación de estar viviendo, por fin, el sueño aplazado durante toda una vida.
"Solo llevamos un tercio de la vuelta al mundo", sonríe Mauro. Pero para él, el viaje ya ha valido cada euro, cada miedo y cada milla navegada.
En una habitación de hotel donde nació Mauro Gregorio hace 62 años, su vida comenzó literalmente entre maletas, recepciones y pasillos alfombrados. Creció en un hotel de Rímini, ciudad que marcó su destino desde muy temprano. "Mi sueño era ser dueño de un hotel", confiesa al medio italiano Corriere di Bologna. Y lo cumplió, aunque nunca imaginó que dejaría atrás una vida de trabajo incansable para embarcarse en una aventura por el mar.
Durante más de cinco décadas estuvo ligado a su negocio, viviendo y muriendo con sus turistas, atravesando altibajos, reformas y veranos interminables. Pero con el tiempo, ese sueño cumplido comenzó a convivir con otro, que llevaba años esperando su momento: el de navegar por el océano.
"El año pasado decidí venderlo para hacer realidad mi segundo sueño", explica Mauro. La reflexión fue tan simple como contundente: "Nací en un hotel, crecí en un hotel y trabajé en un hotel. No quería morir en un hotel". Una decisión que sorprendió a muchos, pero para Mauro era el siguiente paso.
Su nuevo sueño no tiene nada que ver con recepciones ni reservas, sino con el mar. Un velero de 12 metros, construido en 1980 en un astillero holandés, que pagó 49.000 euros y restauró a un costo de 130.000 euros. "Lo modernicé por completo", cuenta, con ordenadores de a bordo, un desalinizador para convertir el agua salada en potable y todo lo necesario para una travesía oceánica.
"Después de dos meses te acostumbras", reconoce Mauro, cuando se pregunta si cruzar el océano es idílico. "Tuve miedo, claro. Es lo más humano que puede pasar". Pero también hay momentos inolvidables: mercados flotantes, islas soñadas desde la juventud y la sensación de estar viviendo, por fin, el sueño aplazado durante toda una vida.
"Solo llevamos un tercio de la vuelta al mundo", sonríe Mauro. Pero para él, el viaje ya ha valido cada euro, cada miedo y cada milla navegada.