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"El cine de los sueños americanos: Marty Supreme es una cruda realidad"
En la novela "¿Por qué corre Sammy?", Budd Schulberg, guionista de "La ley del silencio", nos presenta un mito sobre el éxito americano que se reduce a la obsesión por ganar sin principios. Ahora, en la película "Marty Supreme", Joshua Safdie nos recuerda que ese sueño puede ser una trampa para la humanidad.
Safdie nos pone delante de Marty Reisman, un jugador de ping pong llamado "la aguja" que logra coronarse como el más veterano en ganar una competición nacional con 67 años. Sin embargo, su historia es extraña y alejada de los relatos protocolarios de sufrimiento extremo más propios del boxeo o del automovilismo.
La película se presenta como un biopic clásico, pero Safdie subvierte cada uno de los géneros que toca. Se convierte en una tragedia griega y un estudio de personajes, ambientes y forma de vida enferma. La narración eléctrica, la puesta en escena vibrante y las interpretaciones ajustadas a razón nos recuerdan que el individualismo puede tener estragos en una sociedad.
Timothée Chalamet, como el protagonista Marty Reisman, nos muestra un personaje que corre tanto por ganar como Sammy Glick del libro. Pero mientras Glick avanza desde chaval de los recados hasta convertirse en magnate de Hollywood sin principios, Marty se mantiene en la oscuridad y luego surge como si de una llama que no ha expuesto nunca.
En "Marty Supreme", Safdie nos recuerda que el cinismo sigue siendo la más fácil (además de miserable) y menos recomendable de las opciones. Pero también nos muestra que, pese a todo, hay una forma de vida que vale la pena vivir: la conciencia.
En la novela "¿Por qué corre Sammy?", Budd Schulberg, guionista de "La ley del silencio", nos presenta un mito sobre el éxito americano que se reduce a la obsesión por ganar sin principios. Ahora, en la película "Marty Supreme", Joshua Safdie nos recuerda que ese sueño puede ser una trampa para la humanidad.
Safdie nos pone delante de Marty Reisman, un jugador de ping pong llamado "la aguja" que logra coronarse como el más veterano en ganar una competición nacional con 67 años. Sin embargo, su historia es extraña y alejada de los relatos protocolarios de sufrimiento extremo más propios del boxeo o del automovilismo.
La película se presenta como un biopic clásico, pero Safdie subvierte cada uno de los géneros que toca. Se convierte en una tragedia griega y un estudio de personajes, ambientes y forma de vida enferma. La narración eléctrica, la puesta en escena vibrante y las interpretaciones ajustadas a razón nos recuerdan que el individualismo puede tener estragos en una sociedad.
Timothée Chalamet, como el protagonista Marty Reisman, nos muestra un personaje que corre tanto por ganar como Sammy Glick del libro. Pero mientras Glick avanza desde chaval de los recados hasta convertirse en magnate de Hollywood sin principios, Marty se mantiene en la oscuridad y luego surge como si de una llama que no ha expuesto nunca.
En "Marty Supreme", Safdie nos recuerda que el cinismo sigue siendo la más fácil (además de miserable) y menos recomendable de las opciones. Pero también nos muestra que, pese a todo, hay una forma de vida que vale la pena vivir: la conciencia.