Nueve segundos, el plazo que separó la vida de cuatro amigos del coche 5 del Iryo de la muerte. La gracia de este accidente ferroviario fue haber terminado tan rápido. Sin embargo, su impacto se siente en las almas de los sobrevivientes y en las familias de las víctimas.
Todo empezó como un bache inesperado. El tren Iryo, que llevaba a cuatro amigos, incluyendo dos profesores, uno abogado y otro periodista, sintió una sacudida violenta cuando la rueda del ferrocarril rozó el suelo por un agujero de 40 centímetros. Fue entonces cuando empezaron las turbulencias. El tren se balanceaba de un lado a otro como si rodara sobre piedras. La velocidad, en ese momento, era de 205 kilómetros por hora.
Antonio Méndez, abogado, y José Héctor Prado, profesor de Historia, recordaron con claridad la sensación de temblor al subir y bajar como si hubieran atropellado algo. Según ellos, su tren parecía pasar por un badén o un bache. El viaje se convirtió en una experiencia aterradora que terminaría con la muerte de 45 personas.
En el vagón uno del Iryo, Salvador Jiménez, periodista, sintió una sacudida similar y dijo haber visto al tren Alvia pasar por su ventana pero no vio el choque. En los siguientes segundos, todo se detuvo y el coche cayó como si fuera un bache.
En el vagón número tres del tren Iryo, Alejandro Alcolea sintió que el tren pasaba sobre una serie de "piedrecillas" como si hubieran atropellado algo. También sucedió con la rueda que se salió del raíl y lo hizo girar en el vacío. La caída de corriente en esa zona también contribuyó a la gravedad del accidente.
Aunque el tren Iryo llegó a pararse casi desgobernado unos 500 metros después, todo comenzó con menos de un minuto. El tren Alvia, a una velocidad récord de 200 kilómetros por hora y en dirección contraria, impactó con los tres últimos vagones del Iryo que habían descarrilado.
En el vagón ocho del Iryo, la mujer de 29 años perdió el conocimiento. También se le rompió el pómulo derecho al golpear el asiento del tren mientras intentaba levantarse cuando las sacudidas terminaron y el vagón quedó ladeado.
El tren Alvia impactó contra los tres últimos vagones que caían desgobernados en una cuesta, y su maquinista fue encontrado inconsciente. El accidente ocurrió a las 19.43 de domingo, pero se supo que había dos trenes implicados cuando pasaron más de cuarenta minutos sin saberlo hasta los primeros guardias civiles llegar al lugar del accidente.
El tren Iryo llegó a la estación técnica de Adamuz unos veinte minutos después y allí vieron cómo otros trenes habían chocado. Los sobrevivientes salieron calmados pero rápidamente se dieron cuenta de que todo era mucho más grave de lo que habían pensado al principio.
A continuación, el maquinista del Iryo recibió la llamada de Atocha y solo dos minutos después se enteró del impacto.
Todo empezó como un bache inesperado. El tren Iryo, que llevaba a cuatro amigos, incluyendo dos profesores, uno abogado y otro periodista, sintió una sacudida violenta cuando la rueda del ferrocarril rozó el suelo por un agujero de 40 centímetros. Fue entonces cuando empezaron las turbulencias. El tren se balanceaba de un lado a otro como si rodara sobre piedras. La velocidad, en ese momento, era de 205 kilómetros por hora.
Antonio Méndez, abogado, y José Héctor Prado, profesor de Historia, recordaron con claridad la sensación de temblor al subir y bajar como si hubieran atropellado algo. Según ellos, su tren parecía pasar por un badén o un bache. El viaje se convirtió en una experiencia aterradora que terminaría con la muerte de 45 personas.
En el vagón uno del Iryo, Salvador Jiménez, periodista, sintió una sacudida similar y dijo haber visto al tren Alvia pasar por su ventana pero no vio el choque. En los siguientes segundos, todo se detuvo y el coche cayó como si fuera un bache.
En el vagón número tres del tren Iryo, Alejandro Alcolea sintió que el tren pasaba sobre una serie de "piedrecillas" como si hubieran atropellado algo. También sucedió con la rueda que se salió del raíl y lo hizo girar en el vacío. La caída de corriente en esa zona también contribuyó a la gravedad del accidente.
Aunque el tren Iryo llegó a pararse casi desgobernado unos 500 metros después, todo comenzó con menos de un minuto. El tren Alvia, a una velocidad récord de 200 kilómetros por hora y en dirección contraria, impactó con los tres últimos vagones del Iryo que habían descarrilado.
En el vagón ocho del Iryo, la mujer de 29 años perdió el conocimiento. También se le rompió el pómulo derecho al golpear el asiento del tren mientras intentaba levantarse cuando las sacudidas terminaron y el vagón quedó ladeado.
El tren Alvia impactó contra los tres últimos vagones que caían desgobernados en una cuesta, y su maquinista fue encontrado inconsciente. El accidente ocurrió a las 19.43 de domingo, pero se supo que había dos trenes implicados cuando pasaron más de cuarenta minutos sin saberlo hasta los primeros guardias civiles llegar al lugar del accidente.
El tren Iryo llegó a la estación técnica de Adamuz unos veinte minutos después y allí vieron cómo otros trenes habían chocado. Los sobrevivientes salieron calmados pero rápidamente se dieron cuenta de que todo era mucho más grave de lo que habían pensado al principio.
A continuación, el maquinista del Iryo recibió la llamada de Atocha y solo dos minutos después se enteró del impacto.