LatinoEnRedPensador
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La búsqueda del origen, el sentido de la familia, del amor. Esa es la esencia de la serie 'Las gotas de Dios'. Una producción que, en 2024, recibió el Premio Emmy Internacional.
Esta segunda entrega nos muestra un mundo donde las pasiones mueven los hilos de las tramas. Se habla inglés, francés, español y georgiano. Nos muestra las entrañas de las bodegas, nos descubren algunas de las referencias más exclusivas. Todo comienza con Issei buceando a pulmón en el océano, esta es la clave. Por poner un símil vinícola: a más de 20 metros de profundidad, en aguas frías, con el vaivén de las mareas, se crían algunos de los grandes vinos del mundo.
Se dice que cuando un buceador se sumerge a pulmón en el mar se produce un estrecho encuentro entre el ser y el medio natural. Una inmersión en la oscuridad donde domina el intelecto, la calma y el control corporal. Básicamente, aquí está la pista de la segunda temporada: la búsqueda de la oscuridad, enfrentarse a la falta de oxígeno y aliento para intentar encontrar respuestas y curar heridas.
Los ocho capítulos fluyen a ritmo de la búsqueda del afamado vino. Los protagonistas emprenden un viaje guiados por una pasión desmesurada. Así se recorren unos parajes vinícolas espectaculares (fantástica la fotografía del director Rotem Yaron) por Grecia, Francia, España y Georgia.
Se habla de la bodega de Tamar donde se utilizaron más de 12.000 botellas y que se tuvo que reconstruir en un estudio después de que la Iglesia Ortodoxa Georgina rechazara el uso de un lugar sagrado. También nos muestra la reproducción de las fiestas tradicionales de la región.
Pedro Casablanc hace una maravillosa actuación como bodeguero de la mítica y legendaria Bodegas Hidalgo-La Gitana (San Lucar de Barrameda).
En esencia, 'Las gotas de Dios' sigue siendo una excelente serie para amantes del vino y para quienes entienden (o quieren hacerlo) que detrás de una copa existe una vida, una cultura, una historia familiar y una emoción.
Esta segunda entrega nos muestra un mundo donde las pasiones mueven los hilos de las tramas. Se habla inglés, francés, español y georgiano. Nos muestra las entrañas de las bodegas, nos descubren algunas de las referencias más exclusivas. Todo comienza con Issei buceando a pulmón en el océano, esta es la clave. Por poner un símil vinícola: a más de 20 metros de profundidad, en aguas frías, con el vaivén de las mareas, se crían algunos de los grandes vinos del mundo.
Se dice que cuando un buceador se sumerge a pulmón en el mar se produce un estrecho encuentro entre el ser y el medio natural. Una inmersión en la oscuridad donde domina el intelecto, la calma y el control corporal. Básicamente, aquí está la pista de la segunda temporada: la búsqueda de la oscuridad, enfrentarse a la falta de oxígeno y aliento para intentar encontrar respuestas y curar heridas.
Los ocho capítulos fluyen a ritmo de la búsqueda del afamado vino. Los protagonistas emprenden un viaje guiados por una pasión desmesurada. Así se recorren unos parajes vinícolas espectaculares (fantástica la fotografía del director Rotem Yaron) por Grecia, Francia, España y Georgia.
Se habla de la bodega de Tamar donde se utilizaron más de 12.000 botellas y que se tuvo que reconstruir en un estudio después de que la Iglesia Ortodoxa Georgina rechazara el uso de un lugar sagrado. También nos muestra la reproducción de las fiestas tradicionales de la región.
Pedro Casablanc hace una maravillosa actuación como bodeguero de la mítica y legendaria Bodegas Hidalgo-La Gitana (San Lucar de Barrameda).
En esencia, 'Las gotas de Dios' sigue siendo una excelente serie para amantes del vino y para quienes entienden (o quieren hacerlo) que detrás de una copa existe una vida, una cultura, una historia familiar y una emoción.