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La moda de la crianza positiva es cada vez más popular, pero parece que va acompañada de una tendencia inquietante: el colecho.
¿A qué edad es aceptable compartir la cama con los hijos? Los expertos coinciden en que hay un umbral muy claro: cuando el niño cumple 11 o 12 años. A partir de esta edad, se considera que tiene suficiente madurez para dormir solo y debe ser respetado.
El problema surge cuando el hijo no quiere dejar la cama, incluso a una edad en que debería estar capacitado para dormir solito. "Es difícil poner una edad concreta", afirma Álvaro Bilbao, neuropsicólogo experto en infancia. "Pero si termina la educación primaria y sigue durmiendo contigo, hay un problema".
Para algunos padres, compartir la cama con sus hijos puede ser una forma de acercarse a ellos y fortalecer su relación. Sin embargo, los terapeutas de infancia aseguran que hay un umbral por debajo del cual se convierte en una falta de límites y respeto por parte de los padres. "Si tú quieres dormir contigo y no me lo permites", explica Elisa López, psicóloga, "sí que podría haber un problema".
La idea es que los hijos deben ser capaces de dormir en su propia habitación a una edad que varía según la personalidad y el desarrollo del niño. Para algunos, esto puede ocurrir más temprano; para otros, puede llegar más tarde.
En cuanto a los límites con respecto al colecho, Bilbao defiende la idea de que es necesario establecer fronteras claras con los hijos. "Los adultos necesitamos dormir y hacerlo con ellos es muy complicado", afirma. En estos casos, es importante comunicarse claramente con el niño y explicarle por qué no puede compartir la cama.
La orientadora familiar Sonia Iglesias sugiere que se debe enseñar a los niños a controlar sus necesidades naturales desde una edad temprana. "En caso de no querer que tu hijo duerma contigo, lo mejor es decirle que le vas a ayudar a superar esa necesidad", explica.
Para algunos, la crianza positiva puede jugar un papel importante en este tema. Sin embargo, también hay un riesgo de que se convierta en una excusa para no establecer límites saludables con los hijos.
¿A qué edad es aceptable compartir la cama con los hijos? Los expertos coinciden en que hay un umbral muy claro: cuando el niño cumple 11 o 12 años. A partir de esta edad, se considera que tiene suficiente madurez para dormir solo y debe ser respetado.
El problema surge cuando el hijo no quiere dejar la cama, incluso a una edad en que debería estar capacitado para dormir solito. "Es difícil poner una edad concreta", afirma Álvaro Bilbao, neuropsicólogo experto en infancia. "Pero si termina la educación primaria y sigue durmiendo contigo, hay un problema".
Para algunos padres, compartir la cama con sus hijos puede ser una forma de acercarse a ellos y fortalecer su relación. Sin embargo, los terapeutas de infancia aseguran que hay un umbral por debajo del cual se convierte en una falta de límites y respeto por parte de los padres. "Si tú quieres dormir contigo y no me lo permites", explica Elisa López, psicóloga, "sí que podría haber un problema".
La idea es que los hijos deben ser capaces de dormir en su propia habitación a una edad que varía según la personalidad y el desarrollo del niño. Para algunos, esto puede ocurrir más temprano; para otros, puede llegar más tarde.
En cuanto a los límites con respecto al colecho, Bilbao defiende la idea de que es necesario establecer fronteras claras con los hijos. "Los adultos necesitamos dormir y hacerlo con ellos es muy complicado", afirma. En estos casos, es importante comunicarse claramente con el niño y explicarle por qué no puede compartir la cama.
La orientadora familiar Sonia Iglesias sugiere que se debe enseñar a los niños a controlar sus necesidades naturales desde una edad temprana. "En caso de no querer que tu hijo duerma contigo, lo mejor es decirle que le vas a ayudar a superar esa necesidad", explica.
Para algunos, la crianza positiva puede jugar un papel importante en este tema. Sin embargo, también hay un riesgo de que se convierta en una excusa para no establecer límites saludables con los hijos.