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Lo realmente interesante es el conflicto entre creatividad y comercio, entre el deseo de romper las reglas y el imperativo de no perderse. En Milán, se ha dejado sin sustento a las firmas importantes, mientras que en París, al contrario, todo sigue adelante con un tono de apatía. En el desfile de Dior, la presentación de Jonathan Anderson fue agitada y polémica, con modelos de "aristo-jóvenes" y una propuesta fresca pero sin otro gesto que el ocasional golpe de color: rojo señalética, amarillo vainilla o verde manzana.
En este momento de crisis del mundo, la moda de hombre se busca a sí misma. Aunque los desfiles son un espectáculo de lujo y extravagancia, hay una lucha constante entre el diseño creativo y la necesidad comercial. La colección masculina de Pharrell Williams para Louis Vuitton fue un ejemplo de cómo las firmas pueden encontrar un equilibrio entre lo razonable y lo extravagante.
El caso es que la moda de hombre se encuentra en un punto crítico, donde hay una lucha constante entre la creatividad y el comercio. En Milán, algunas de las grandes firmas han abandonado los desfiles, mientras que en París todo sigue adelante con un tono apatético.
En este momento de crisis del mundo, la moda de hombre se busca a sí misma. Aunque los desfiles son un espectáculo de lujo y extravagancia, hay una lucha constante entre el diseño creativo y la necesidad comercial. La colección masculina de Pharrell Williams para Louis Vuitton fue un ejemplo de cómo las firmas pueden encontrar un equilibrio entre lo razonable y lo extravagante.
El caso es que la moda de hombre se encuentra en un punto crítico, donde hay una lucha constante entre la creatividad y el comercio. En Milán, algunas de las grandes firmas han abandonado los desfiles, mientras que en París todo sigue adelante con un tono apatético.