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El descubrimiento de Pompeya y Herculano, dos ciudades antiguas en ruinas que se enterraron bajo el volcán Vesubio en 79 d.C., es una historia poco conocida que involucra a un rey español. El verdadero iniciador del descubrimiento fue un poeta italiano llamado Jacopo Sannazaro, quien sospechaba que las ruinas eran de Estabia. Sin embargo, no fue hasta que el duque de Sarno ordenó abrir un canal para llevar aguas tierra adentro que comenzaron las excavaciones en la ciudad moderna de Ercolano (Herculano), donde se descubrieron mármoles y paredes pintadas.
Fue el arquitecto Roque Joaquín de Alcubierre, zaragozano de nacimiento, quien se encargó de la labor de construcción del palacio real en Portici, junto a la antigua ciudad de Herculano. Durante las excavaciones, descubrió un pozo llamado Nocerino que lo llevó a bajar al interior para encontrar una caja con trozos de mármol, jaspes y otras cosas, que presentaría al rey Carlos III para autorizar la continuación del trabajo.
Así comenzaron las excavaciones en Pompeya, también bajo la dirección de Alcubierre. En 1748, el éxito de las excavaciones en Herculano llevó a ordenar también las excavaciones en Pompeya, que se iniciaron el 2 de abril de ese año.
Pero detrás de esta historia hay un lado oscuro. Cuando se decidió excavar las ciudades antiguas, el objetivo era obtener antigüedades para decorar el nuevo palacio real, lo que llevó a una selección del arte encontrado y la destrucción de piezas consideradas de mala calidad. El secretario de Estado, Marqués de Salas, llegó a ordenar que no se perdiera tiempo con excavaciones inútiles.
También hubo un caso en el que se permitió la exportación de bienes arqueológicos del reino sin protección jurídica adecuada. Fue bajo el rey Carlos III que se estableció una protección para evitar este tipo de saqueos, pero su sucesor, Fernando I, no fue tan protectoro con las antigüedades.
En resumen, la historia del descubrimiento de Pompeya y Herculano es una historia compleja y marcada por intereses personales y políticos que han moldeado el destino de estas ciudades antiguas.
Fue el arquitecto Roque Joaquín de Alcubierre, zaragozano de nacimiento, quien se encargó de la labor de construcción del palacio real en Portici, junto a la antigua ciudad de Herculano. Durante las excavaciones, descubrió un pozo llamado Nocerino que lo llevó a bajar al interior para encontrar una caja con trozos de mármol, jaspes y otras cosas, que presentaría al rey Carlos III para autorizar la continuación del trabajo.
Así comenzaron las excavaciones en Pompeya, también bajo la dirección de Alcubierre. En 1748, el éxito de las excavaciones en Herculano llevó a ordenar también las excavaciones en Pompeya, que se iniciaron el 2 de abril de ese año.
Pero detrás de esta historia hay un lado oscuro. Cuando se decidió excavar las ciudades antiguas, el objetivo era obtener antigüedades para decorar el nuevo palacio real, lo que llevó a una selección del arte encontrado y la destrucción de piezas consideradas de mala calidad. El secretario de Estado, Marqués de Salas, llegó a ordenar que no se perdiera tiempo con excavaciones inútiles.
También hubo un caso en el que se permitió la exportación de bienes arqueológicos del reino sin protección jurídica adecuada. Fue bajo el rey Carlos III que se estableció una protección para evitar este tipo de saqueos, pero su sucesor, Fernando I, no fue tan protectoro con las antigüedades.
En resumen, la historia del descubrimiento de Pompeya y Herculano es una historia compleja y marcada por intereses personales y políticos que han moldeado el destino de estas ciudades antiguas.