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En el corazón de Francia, Reims ha sido testigo de una historia culinaria fascinante. Desde hace más de tres siglos, esta ciudad es famosa por sus bizcochos rosas, los cuales son considerados uno de los postres más antiguos que se pueden encontrar en España.
Según la tradición, estos bollitos fueron creados a principios del siglo XVII para aprovechar el calor que se concentraba en las hornas de leña después de haber horneado el pan. Al secar una masa aromatizada con vainilla, los pasteleros lograron crear una galleta sólida y crujiente. Esta técnica, conocida como 'bis cuit', permitió conservar el producto durante mucho más tiempo al eliminar por completo la humedad.
Aunque originalmente eran blancos en su formato, estos bizcochos se tiñeron de rojo a principios del siglo XVIII para ocultar las partículas negras que dejaban las vainas de vainilla. Gracias a un colorante natural producido a partir de las cochinillas hembra, lograron su tonalidad característica.
Con el paso de los años, estos bizcochos de Reims se convirtieron en un favorito entre las cortes de toda Europa, incluyendo al rey Luis XVI y la reina María Antonieta. El monarca francés era conocido por su afición a los dulces, lo que contribuyó a hacer que estos bizcochos fueran aún más populares.
La Maison Fossier, una fábrica de galletas fundada en 1756 y considerada la producción más antigua de Francia, ha estado fabricando estos bizcochos durante más de dos siglos. Con más de 60 millones de unidades vendidas al año, los bizcochos de Reims se han convertido en un símbolo de celebración que sobrevivió a las dos guerras mundiales y se puede encontrar en todo el mundo.
Para muchos chefs como Alejandro Serrano, propietario del restaurante 'Sarrasin et pastel' de Miranda de Ebro, estos bizcochos representan la esencia de la repostería. "El color rosa nos lleva muchas veces a algo naíf y a recuerdos de nuestra infancia", explica. "Recordar dulces o sabores que nos marcaron de pequeños siempre se siente como algo positivo, por eso creo que el color rosa es sinónimo de felicidad en la repostería".
Según la tradición, estos bollitos fueron creados a principios del siglo XVII para aprovechar el calor que se concentraba en las hornas de leña después de haber horneado el pan. Al secar una masa aromatizada con vainilla, los pasteleros lograron crear una galleta sólida y crujiente. Esta técnica, conocida como 'bis cuit', permitió conservar el producto durante mucho más tiempo al eliminar por completo la humedad.
Aunque originalmente eran blancos en su formato, estos bizcochos se tiñeron de rojo a principios del siglo XVIII para ocultar las partículas negras que dejaban las vainas de vainilla. Gracias a un colorante natural producido a partir de las cochinillas hembra, lograron su tonalidad característica.
Con el paso de los años, estos bizcochos de Reims se convirtieron en un favorito entre las cortes de toda Europa, incluyendo al rey Luis XVI y la reina María Antonieta. El monarca francés era conocido por su afición a los dulces, lo que contribuyó a hacer que estos bizcochos fueran aún más populares.
La Maison Fossier, una fábrica de galletas fundada en 1756 y considerada la producción más antigua de Francia, ha estado fabricando estos bizcochos durante más de dos siglos. Con más de 60 millones de unidades vendidas al año, los bizcochos de Reims se han convertido en un símbolo de celebración que sobrevivió a las dos guerras mundiales y se puede encontrar en todo el mundo.
Para muchos chefs como Alejandro Serrano, propietario del restaurante 'Sarrasin et pastel' de Miranda de Ebro, estos bizcochos representan la esencia de la repostería. "El color rosa nos lleva muchas veces a algo naíf y a recuerdos de nuestra infancia", explica. "Recordar dulces o sabores que nos marcaron de pequeños siempre se siente como algo positivo, por eso creo que el color rosa es sinónimo de felicidad en la repostería".