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La deshidratación en invierno: cómo afecta la memoria y la concentración.
La deshidratación puede pasar desapercibida, pero tiene consecuencias graves sobre el bienestar físico y mental. En invierno, se crea una creencia errónea de que no se necesita beber mucho líquido debido a la menor temperatura, lo cual es completamente incorrecto.
Según Jordi Salas Salvadó, profesor catedrático de nutrición de la Universidad Rovira i Virgili (URV) e Investigador Principal del CIBERobn Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición del Instituto de Salud Carlos III, el agua está implicada en prácticamente todas las funciones del cuerpo.
Este líquido vital no solo calma la sed, sino que también transporta nutrientes esenciales a cada célula, facilita la digestión, actúa como un termostato interno y regula nuestra temperatura para que podamos rendir al máximo. Sin embargo, debido a la relación entre el contenido de agua en relación con su masa corporal, se encuentran en mayor riesgo personas como bebés, lactantes, niños y ancianos.
No solo es importante prestar atención a estas personas, sino que también es fundamental para aquellos que se encuentran en situaciones de riesgo, como quienes padecen enfermedades, presentan fiebre o atraviesan procesos infecciosos.
En cualquier circunstancia, según Salas, la recomendación principal y general es beber agua diariamente para mantenerse bien hidratado. De esta manera, lograremos favorecer nuestro bienestar físico, proteger la salud cerebral y ayudar a preservar la función cognitiva.
Para hacerlo, se pueden incorporar frutas y verduras con alto contenido de agua en la dieta, como sandía, melón, naranjas, pepino, lechuga o calabacín. No esperar a sentir sed, ya que esta sensación aparece cuando el organismo ya ha comenzado a perder agua.
Además, es recomendable evitar largos periodos de tiempo sin consumir líquidos y prestar una mayor atención al colectivo de bebés, lactantes, niños y ancianos.
Finalmente, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) enumera una serie de hábitos que nos pueden ayudar a aumentar la hidratación de forma natural: beber líquidos de forma regular a lo largo del día, acostumbrándonos a crear hábitos sencillos como tomar un vaso de agua al levantarse.
La deshidratación puede pasar desapercibida, pero tiene consecuencias graves sobre el bienestar físico y mental. En invierno, se crea una creencia errónea de que no se necesita beber mucho líquido debido a la menor temperatura, lo cual es completamente incorrecto.
Según Jordi Salas Salvadó, profesor catedrático de nutrición de la Universidad Rovira i Virgili (URV) e Investigador Principal del CIBERobn Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición del Instituto de Salud Carlos III, el agua está implicada en prácticamente todas las funciones del cuerpo.
Este líquido vital no solo calma la sed, sino que también transporta nutrientes esenciales a cada célula, facilita la digestión, actúa como un termostato interno y regula nuestra temperatura para que podamos rendir al máximo. Sin embargo, debido a la relación entre el contenido de agua en relación con su masa corporal, se encuentran en mayor riesgo personas como bebés, lactantes, niños y ancianos.
No solo es importante prestar atención a estas personas, sino que también es fundamental para aquellos que se encuentran en situaciones de riesgo, como quienes padecen enfermedades, presentan fiebre o atraviesan procesos infecciosos.
En cualquier circunstancia, según Salas, la recomendación principal y general es beber agua diariamente para mantenerse bien hidratado. De esta manera, lograremos favorecer nuestro bienestar físico, proteger la salud cerebral y ayudar a preservar la función cognitiva.
Para hacerlo, se pueden incorporar frutas y verduras con alto contenido de agua en la dieta, como sandía, melón, naranjas, pepino, lechuga o calabacín. No esperar a sentir sed, ya que esta sensación aparece cuando el organismo ya ha comenzado a perder agua.
Además, es recomendable evitar largos periodos de tiempo sin consumir líquidos y prestar una mayor atención al colectivo de bebés, lactantes, niños y ancianos.
Finalmente, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) enumera una serie de hábitos que nos pueden ayudar a aumentar la hidratación de forma natural: beber líquidos de forma regular a lo largo del día, acostumbrándonos a crear hábitos sencillos como tomar un vaso de agua al levantarse.