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Si había escritoras, solo teníamos que encontrarlas. Esa fue la lección que se llevó a un jovena editora para revivir a las autoras olvidadas por la historia. Alicia de la Fuente, filóloga y apasionada lectora, siempre supo que había algo más que el patriarcado detrás de la ausencia de mujeres en la literatura. "Silenciar el legado de las mujeres es una cuestión cultural histórica", confesó, mientras se sentaba en su pequeño salón lleno de libros.
La puerta se abrió para recibir a un nuevo nacido y a otra persona que había sido hija, pero que ahora era madre. Un momento tranquilo en el que Alicia reflexionaba sobre cómo la vida había cambiado después del confinamiento. La crisis del Covid le había servido de catalizador para crear su propia editorial, Espinas, un espacio donde se reivindicarían las obras de escritoras olvidadas por la historia.
La joven editora recordó cómo siempre se preguntaba qué legitimidad tenía para escribir si todo el mundo parecía estar escrito por hombres. Se lanzó a leer a mujeres de forma compulsiva, desde contemporáneas hasta clásicas. "Quería comprender esa genealogía nuestra, la de las mujeres", explicó. Estudió Filología para entender cómo se crean los géneros y cómo se configuran los temas universales.
Con el tiempo, su búsqueda llevó a descubrir escritoras como Matilde Cherner, cuya autobiografía fue publicada con el seudónimo Rafael Luna en finales del XIX. También encontró la obra de Consuelo de Antoine Saint-Exupéry, que fue censurada por desafiar el mito del héroe nacional francés.
La editorial Espinas ha revivido a Enheduanna, la primera autora de un texto literario en la historia, y ha lanzado su catálogo con la publicación de "Dostoievski, mi marido", el primer libro de la colección. También tiene planes para 2026 con el ensayo "La loca del desván", que inauguró la crítica feminista moderna.
Para Alicia de la Fuente, la editora y filóloga, encontrar a estas escritoras olvidadas ha sido un viaje de descubrimiento. Una catarsis que le ha permitido entender el verdadero legado de las mujeres en la literatura. Y tiene nombre: mujer.
La puerta se abrió para recibir a un nuevo nacido y a otra persona que había sido hija, pero que ahora era madre. Un momento tranquilo en el que Alicia reflexionaba sobre cómo la vida había cambiado después del confinamiento. La crisis del Covid le había servido de catalizador para crear su propia editorial, Espinas, un espacio donde se reivindicarían las obras de escritoras olvidadas por la historia.
La joven editora recordó cómo siempre se preguntaba qué legitimidad tenía para escribir si todo el mundo parecía estar escrito por hombres. Se lanzó a leer a mujeres de forma compulsiva, desde contemporáneas hasta clásicas. "Quería comprender esa genealogía nuestra, la de las mujeres", explicó. Estudió Filología para entender cómo se crean los géneros y cómo se configuran los temas universales.
Con el tiempo, su búsqueda llevó a descubrir escritoras como Matilde Cherner, cuya autobiografía fue publicada con el seudónimo Rafael Luna en finales del XIX. También encontró la obra de Consuelo de Antoine Saint-Exupéry, que fue censurada por desafiar el mito del héroe nacional francés.
La editorial Espinas ha revivido a Enheduanna, la primera autora de un texto literario en la historia, y ha lanzado su catálogo con la publicación de "Dostoievski, mi marido", el primer libro de la colección. También tiene planes para 2026 con el ensayo "La loca del desván", que inauguró la crítica feminista moderna.
Para Alicia de la Fuente, la editora y filóloga, encontrar a estas escritoras olvidadas ha sido un viaje de descubrimiento. Una catarsis que le ha permitido entender el verdadero legado de las mujeres en la literatura. Y tiene nombre: mujer.