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La burbuja del alquiler golpea a un colectivo social de Santander. Smolny, La Libre y otro centro sociocultural enfrentan la posibilidad de ser expulsados de sus locales debido a la finalización de contratos de alquiler que han venido sosteniendo durante años.
El colectivo Smolny, que se ubica en el barrio El Carmelo, ha estado en su espacio desde hace ocho años. La junta directiva, formada por vecinos del barrio, ha sido objeto de presión por parte de los propietarios para vender el local. Sin embargo, la respuesta final fue un simple aviso: "Nos echan".
La situación es similar en la Rampa de Sotileza, donde se encuentra La Libre. El colectivo sociocultural y librería ha estado en este espacio desde 2009 y cuenta con más de 300 socios. Los propietarios le han informado que tienen ofertas para pagarle más de 1.000 euros de alquiler, pero la junta directiva busca una fórmula justa.
El problema es que los colectivos afectados están en espacios amplios y céntricos de Santander, donde se está produciendo un proceso de gentrificación de las ciudades medianas españolas. El centro de Santander ha sido el más afectado por este fenómeno, con la creación de zonas turísticas que han desplazado a los barrios tradicionales.
"Los barrios como eran antes ya no existen, ahora son sitios a los que se va a dormir", explica una persona que ha vivido en El Carmelo durante años. "La turística ha cambiado la forma de ser de estos lugares".
El colectivo Smolny está convocando una asamblea para evaluar opciones y buscar soluciones. La Libre también ha organizado un comité para buscar una fórmula justa y ampliar el contrato otros tres años.
La situación es preocupante, ya que los colectivos sociales están en la base de las redes sociales y son puntos de encuentro de decenas de organizaciones más. Su desaparición significaría un golpe para la sociedad civil en Santander.
"Es un proyecto militante y la casa de muchos colectivos más", explican los propietarios de La Libre. "No hay nada oscuro, los propietarios querrían que nos quedaramos el local, pero es el problema de la gentrificación y de la burbuja".
En ambos casos, se habla de una subida significativa del alquiler y de una pérdida de espacio para las actividades colectivas. Los colectivos afectados buscan encontrar una fórmula justa y ampliar el contrato otros tres años.
La situación es un recordatorio de la importancia de tener un espacío público disponible y accesible para la sociedad civil. Sin este espacio, los colectivos sociales no podrían seguir existiendo y realizar sus actividades sin problemas.
El colectivo Smolny, que se ubica en el barrio El Carmelo, ha estado en su espacio desde hace ocho años. La junta directiva, formada por vecinos del barrio, ha sido objeto de presión por parte de los propietarios para vender el local. Sin embargo, la respuesta final fue un simple aviso: "Nos echan".
La situación es similar en la Rampa de Sotileza, donde se encuentra La Libre. El colectivo sociocultural y librería ha estado en este espacio desde 2009 y cuenta con más de 300 socios. Los propietarios le han informado que tienen ofertas para pagarle más de 1.000 euros de alquiler, pero la junta directiva busca una fórmula justa.
El problema es que los colectivos afectados están en espacios amplios y céntricos de Santander, donde se está produciendo un proceso de gentrificación de las ciudades medianas españolas. El centro de Santander ha sido el más afectado por este fenómeno, con la creación de zonas turísticas que han desplazado a los barrios tradicionales.
"Los barrios como eran antes ya no existen, ahora son sitios a los que se va a dormir", explica una persona que ha vivido en El Carmelo durante años. "La turística ha cambiado la forma de ser de estos lugares".
El colectivo Smolny está convocando una asamblea para evaluar opciones y buscar soluciones. La Libre también ha organizado un comité para buscar una fórmula justa y ampliar el contrato otros tres años.
La situación es preocupante, ya que los colectivos sociales están en la base de las redes sociales y son puntos de encuentro de decenas de organizaciones más. Su desaparición significaría un golpe para la sociedad civil en Santander.
"Es un proyecto militante y la casa de muchos colectivos más", explican los propietarios de La Libre. "No hay nada oscuro, los propietarios querrían que nos quedaramos el local, pero es el problema de la gentrificación y de la burbuja".
En ambos casos, se habla de una subida significativa del alquiler y de una pérdida de espacio para las actividades colectivas. Los colectivos afectados buscan encontrar una fórmula justa y ampliar el contrato otros tres años.
La situación es un recordatorio de la importancia de tener un espacío público disponible y accesible para la sociedad civil. Sin este espacio, los colectivos sociales no podrían seguir existiendo y realizar sus actividades sin problemas.