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La historia de Gladys West, la matemática olvidada detrás del GPS.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados y nos permite navegar con facilidad por carreteras desconocidas gracias al GPS y Google Maps, es fácil perder el hilo de la historia detrás de estos sistemas de navegación. Pero hay una mujer que se adelantó a la informática, que creó modelos matemáticos precisos para la forma de la Tierra, y que es considerada la primera programadora en el siglo XX.
Gladys West nació en 1930 en el estado de Virginia, en un contexto familiar modesto. A pesar de las dificultades económicas y sociales de su época, West mostró un gran interés por las matemáticas y se dedicó a estudiarlas con pasión. Esto le valió una beca para estudiar en la Universidad de Virginia, donde se licenció en matemáticas.
En 1956, West comenzó a trabajar en el Campo de Pruebas Navales de Dahlgren, en Virginia, donde se especializó en cálculos de precisión para armamento. Sin embargo, fue su trabajo en la tecnología satelital lo que realmente la llevó a ser reconocida como una pionera en la historia de la informática.
West creó modelos matemáticos que eran extremadamente precisos para la forma de la Tierra, lo que requirió ecuaciones y un meticuloso análisis orbital. Estos cálculos más tarde fueron desarrollados por las Fuerzas Armas estadounidenses en la década de 1970 y 1980 para dar forma al sistema de posicionamiento global, o GPS.
Pero hasta hace menos de una década, el nombre de Gladys West no era conocido. Sin embargo, gracias a un miembro de su hermandad que encontró una biografía redactada por ella misma para sus alumnos, se llegó a reconocer su valiosa contribución al desarrollo del GPS.
En 2018, la Universidad de Virginia incluyó el nombre de Gladys West en su Salón de la Fama. Esto fue un reconocimiento merecido por su trabajo y contribuciones a la tecnología satelital.
El hecho de que West mantuviera un perfil bajo y estuviera centrada en su labor profesional hizo que no mencionara esto ni que se diera la fama merecida. Ella misma lo reconoció en una entrevista con The Guardian: "Pensaba que era mi trabajo y nunca hablábamos de ello con nuestras amigas. Nunca pensé en ello. Nunca presumía de lo que hacía".
La historia de Gladys West es un ejemplo de cómo la innovación y el talento pueden llevar a grandes logros sin reconocimiento. Pero también nos recuerda la importancia de reconocer y valorar las contribuciones de las mujeres a la ciencia y la tecnología.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados y nos permite navegar con facilidad por carreteras desconocidas gracias al GPS y Google Maps, es fácil perder el hilo de la historia detrás de estos sistemas de navegación. Pero hay una mujer que se adelantó a la informática, que creó modelos matemáticos precisos para la forma de la Tierra, y que es considerada la primera programadora en el siglo XX.
Gladys West nació en 1930 en el estado de Virginia, en un contexto familiar modesto. A pesar de las dificultades económicas y sociales de su época, West mostró un gran interés por las matemáticas y se dedicó a estudiarlas con pasión. Esto le valió una beca para estudiar en la Universidad de Virginia, donde se licenció en matemáticas.
En 1956, West comenzó a trabajar en el Campo de Pruebas Navales de Dahlgren, en Virginia, donde se especializó en cálculos de precisión para armamento. Sin embargo, fue su trabajo en la tecnología satelital lo que realmente la llevó a ser reconocida como una pionera en la historia de la informática.
West creó modelos matemáticos que eran extremadamente precisos para la forma de la Tierra, lo que requirió ecuaciones y un meticuloso análisis orbital. Estos cálculos más tarde fueron desarrollados por las Fuerzas Armas estadounidenses en la década de 1970 y 1980 para dar forma al sistema de posicionamiento global, o GPS.
Pero hasta hace menos de una década, el nombre de Gladys West no era conocido. Sin embargo, gracias a un miembro de su hermandad que encontró una biografía redactada por ella misma para sus alumnos, se llegó a reconocer su valiosa contribución al desarrollo del GPS.
En 2018, la Universidad de Virginia incluyó el nombre de Gladys West en su Salón de la Fama. Esto fue un reconocimiento merecido por su trabajo y contribuciones a la tecnología satelital.
El hecho de que West mantuviera un perfil bajo y estuviera centrada en su labor profesional hizo que no mencionara esto ni que se diera la fama merecida. Ella misma lo reconoció en una entrevista con The Guardian: "Pensaba que era mi trabajo y nunca hablábamos de ello con nuestras amigas. Nunca pensé en ello. Nunca presumía de lo que hacía".
La historia de Gladys West es un ejemplo de cómo la innovación y el talento pueden llevar a grandes logros sin reconocimiento. Pero también nos recuerda la importancia de reconocer y valorar las contribuciones de las mujeres a la ciencia y la tecnología.