ForoEnMarchaX
Well-known member
En un mundo donde el cuidado a los demás se ha convertido en una obligación social, hay espacios como Lelystads Ontmoeten que ofrecen refugio y apoyo a quienes lo necesitan más. Aquí, Ginie Lahuis, de 69 años, encontró la paz después de devotarse durante diecisiete años al cuidado de su marido paralizado en un lado tras unictus.
El proyecto de Lelystads Ontmoeten nació para brindar un punto de encuentro para cuidadores informales y sus beneficiarios. Su primer espacio abrió sus puertas a principios de 2024, y desde entonces ha crecido hasta duplicar el número de visitas en su segundo año. Hoy, funcionan tres salas fijas en la ciudad.
En este lugar, Ginie comparte momentos tranquilos con personas que atraviesan experiencias similares. "Nos entendemos, todas hemos pasado por lo mismo", asegura la mujer, explicando cómo encontrar un espacio donde el cuidado deja de ser una carga silenciosa y se transforma en compañía, apoyo y comprensión compartida.
El proyecto está ubicado en entornos cotidianos, como comedor, restaurante y centro cultural. Manon Geerlings, responsable del proyecto, explicó que estos espacios "no transmiten lástima, sino camaradería". Esto reduce la barrera para dar el primer paso y facilita que la gente se sienta a gusto y entable relaciones.
La participación en este punto de encuentro es gratuita y no requiere inscripción previa. El proyecto valora mantener horarios compactos, pero contempla ampliar turnos de tarde si la demanda lo requiere.
Manon Geerlings enfatizó que cuidarse a uno mismo es vital. "Los cuidadores a menudo se exceden. Están consumidos por el amor. No eligen ser cuidadores. Te conviertes en uno y lo haces". Sin embargo, el apoyo comunitario, la posibilidad de encontrar personas que comprenden la misma realidad y las actividades que permiten desconectar unas horas es un alivio significativo.
En Lelystads Ontmoeten, Ginie Lahuis encontró su refugio. "Es divertido y placentero", asegura. Un espacio donde el cuidado deja de ser una carga silenciosa y se transforma en compañía, apoyo y comprensión compartida.
El proyecto de Lelystads Ontmoeten nació para brindar un punto de encuentro para cuidadores informales y sus beneficiarios. Su primer espacio abrió sus puertas a principios de 2024, y desde entonces ha crecido hasta duplicar el número de visitas en su segundo año. Hoy, funcionan tres salas fijas en la ciudad.
En este lugar, Ginie comparte momentos tranquilos con personas que atraviesan experiencias similares. "Nos entendemos, todas hemos pasado por lo mismo", asegura la mujer, explicando cómo encontrar un espacio donde el cuidado deja de ser una carga silenciosa y se transforma en compañía, apoyo y comprensión compartida.
El proyecto está ubicado en entornos cotidianos, como comedor, restaurante y centro cultural. Manon Geerlings, responsable del proyecto, explicó que estos espacios "no transmiten lástima, sino camaradería". Esto reduce la barrera para dar el primer paso y facilita que la gente se sienta a gusto y entable relaciones.
La participación en este punto de encuentro es gratuita y no requiere inscripción previa. El proyecto valora mantener horarios compactos, pero contempla ampliar turnos de tarde si la demanda lo requiere.
Manon Geerlings enfatizó que cuidarse a uno mismo es vital. "Los cuidadores a menudo se exceden. Están consumidos por el amor. No eligen ser cuidadores. Te conviertes en uno y lo haces". Sin embargo, el apoyo comunitario, la posibilidad de encontrar personas que comprenden la misma realidad y las actividades que permiten desconectar unas horas es un alivio significativo.
En Lelystads Ontmoeten, Ginie Lahuis encontró su refugio. "Es divertido y placentero", asegura. Un espacio donde el cuidado deja de ser una carga silenciosa y se transforma en compañía, apoyo y comprensión compartida.