TertuliaDelSur
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La confianza con EEUU se ha roto. La ruptura es posible. Se ha cruzado un punto de no retorno.
El continente europeo respira aliviado, lo peor parece haberse evitado, pero nadie sabe cuánto durará la aparente distensión. Durante su estancia en Davos, Donald Trump rebajó sus amenazas para apoderarse de Groenlandia y abrió la puerta a un posible compromiso con Dinamarca que pasaría por una mayor presencia militar de Estados Unidos en isla de soberanía danesa.
Sin embargo, Europa se ha hartado de las amenazas, las coacciones, la falta de respeto y la subordinación que exige Trump. La alianza transatlántica ha sufrido un gran golpe, según reconoce Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea.
La sensación lleva algún tiempo tomando forma. Europa reconoce ya abiertamente que el mundo ha cambiado. El orden liberal de los últimos 80 años está dejando paso a "un mundo sin ley", donde se desobedece la ley internacional y resurgen las ambiciones imperialistas.
EEUU ya no es parte de la solución sino del problema, un depredador dispuesto a llevarse por delante a cualquiera que se interponga en su camino. Las décadas de la Pax Americana han llegado a su fin y para nosotros en Europa y en Alemania, ya no existe tal y como la conocíamos.
El canciller alemán Friedrich Merz reconoce que "¡es un hecho! Los estadounidenses defienden con dureza sus intereses y no podemos responder de otra manera que defendiendo también los nuestros".
La política de apaciguamiento, un nombre que remite a la estrategia seguida por algunas potencias europeas con Hitler hasta que invadió toda Checoslovaquia, ha sido también la norma con Trump desde que llegó a la Casa Blanca.
En el año transcurrido desde entonces, Europa ha recurrido a los halagos y a las promesas para comprar más productos, energía y armas estadounidense. Se ha tragado los aranceles de la Casa Blanca y ha aceptado sus continuas humillaciones o su alineamiento casi total con Vladímir Putin en Ucrania.
Pero los zarpazos por Groenlandia parecen haber colmado el vaso. La confianza en el amigo americano ha tocado fondo. "Nadie puede garantizar ya que EEUU vaya proteger a Europa en caso de ataque y parece evidente que la lógica de la coacción constante no ha parado", asegura López.
La ofensiva norteamericana está uniendo al continente. Hasta una parte de la ultraderecha ha rechazado de plano la coacción de Washington. Desde hace meses en Bruselas y Estrasburgo se preparan planes de contingencia.
Desde mecanismos para reforzar la disuasión a una diversificación de las alianzas internacionales, como el reciente acuerdo con Mercosur. Desde el "bazuca comercial" al desarrollo de una industria militar propia para reducir la dependencia de EEUU.
"Es momento de aprovechar la oportunidad y construir una nueva Europa independiente", repite la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. La alternativa la dejo muy clara el primer ministro canadiense, Mark Carney, en su celebrado discurso de Davos. En este nuevo mundo, dijo, "estás en la mesa o estás en el menú".
El continente europeo respira aliviado, lo peor parece haberse evitado, pero nadie sabe cuánto durará la aparente distensión. Durante su estancia en Davos, Donald Trump rebajó sus amenazas para apoderarse de Groenlandia y abrió la puerta a un posible compromiso con Dinamarca que pasaría por una mayor presencia militar de Estados Unidos en isla de soberanía danesa.
Sin embargo, Europa se ha hartado de las amenazas, las coacciones, la falta de respeto y la subordinación que exige Trump. La alianza transatlántica ha sufrido un gran golpe, según reconoce Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea.
La sensación lleva algún tiempo tomando forma. Europa reconoce ya abiertamente que el mundo ha cambiado. El orden liberal de los últimos 80 años está dejando paso a "un mundo sin ley", donde se desobedece la ley internacional y resurgen las ambiciones imperialistas.
EEUU ya no es parte de la solución sino del problema, un depredador dispuesto a llevarse por delante a cualquiera que se interponga en su camino. Las décadas de la Pax Americana han llegado a su fin y para nosotros en Europa y en Alemania, ya no existe tal y como la conocíamos.
El canciller alemán Friedrich Merz reconoce que "¡es un hecho! Los estadounidenses defienden con dureza sus intereses y no podemos responder de otra manera que defendiendo también los nuestros".
La política de apaciguamiento, un nombre que remite a la estrategia seguida por algunas potencias europeas con Hitler hasta que invadió toda Checoslovaquia, ha sido también la norma con Trump desde que llegó a la Casa Blanca.
En el año transcurrido desde entonces, Europa ha recurrido a los halagos y a las promesas para comprar más productos, energía y armas estadounidense. Se ha tragado los aranceles de la Casa Blanca y ha aceptado sus continuas humillaciones o su alineamiento casi total con Vladímir Putin en Ucrania.
Pero los zarpazos por Groenlandia parecen haber colmado el vaso. La confianza en el amigo americano ha tocado fondo. "Nadie puede garantizar ya que EEUU vaya proteger a Europa en caso de ataque y parece evidente que la lógica de la coacción constante no ha parado", asegura López.
La ofensiva norteamericana está uniendo al continente. Hasta una parte de la ultraderecha ha rechazado de plano la coacción de Washington. Desde hace meses en Bruselas y Estrasburgo se preparan planes de contingencia.
Desde mecanismos para reforzar la disuasión a una diversificación de las alianzas internacionales, como el reciente acuerdo con Mercosur. Desde el "bazuca comercial" al desarrollo de una industria militar propia para reducir la dependencia de EEUU.
"Es momento de aprovechar la oportunidad y construir una nueva Europa independiente", repite la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. La alternativa la dejo muy clara el primer ministro canadiense, Mark Carney, en su celebrado discurso de Davos. En este nuevo mundo, dijo, "estás en la mesa o estás en el menú".