TertuliaLatinaX
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La clase obrera, una vez identificada por su trabajo en las fábricas y talleres, hoy se ha desintegrado. En lugar de sentirse parte de una comunidad, la gente vive en una "burbuja" que le impide reconocer a sus semejantes. Aunque hay muchas razones para este declive, podemos destacar algunas de ellas.
El trabajo ya no es el eje de la identidad y la comunidad. El sentido de pertenencia se ha desplazado hacia el consumo, el género, la edad, la raza, la nacionalidad o la orientación sexual. Estos factores también son legítimos, pero han relegado a la cuestión de clase a un segundo plano.
No hay una medición empírica clara del nivel de conciencia de clase. Tampoco se realizan encuestas sobre ello. El CIS, desde 2019, pregunta a la gente con qué clase social se identifica, pero solo el 75% y el 200% de la media nacional de ingresos se consideran como de clase trabajadora. En el último barómetro, cerca de un 40% de los españoles se ubicaba en esta categoría.
Sin embargo, entender cuál es tu nivel de renta en comparación con el de los demás no equivale a saber por qué estás ahí, qué sistema lo produce y con quién compartes esos conflictos. La gente puede tener las condiciones de vida de la clase obrera, pero no percibe a sí misma como parte de ella.
La fragmentación de la clase trabajadora se explica por el fracaso de las instituciones que aglutinaban a la clase laboral. No hay una lógica que vuelva a recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora. El trabajo ha dejado de ser el principal elemento en base al cual construimos nuestra identidad.
Hoy, la gente se define más por lo que consume que por su trabajo. Es decir, qué se compra, cómo se vive, qué se aspira a tener sustituye a los vínculos de clase. Esto se refleja en una cultura individualista que sustituye al compañerismo obrero.
El resultado es un bloque popular dividido en diversos intereses. La gente está enfrentada y no se puede identificar con la clase trabajadora. El debate sobre la inmigración, por ejemplo, suele ser controvertido y se aprovecha para empeorar las condiciones de empleo.
La urgencia es alcanzar una lógica que vuelva a recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora. Entender a qué grupo social se pertenece sigue siendo una de las claves para mejorar las condiciones de vida. La dramaturga Nayarit Fuentes sostiene que una de las claves para reconstruir la conciencia de clase es convencerse de que la lucha colectiva acaba dando resultado.
En resumen, la desintegración de la clase trabajadora se explica por un cambio en la sociedad y el sistema productivo. El trabajo ya no es el eje de la identidad y la comunidad, y la gente vive en una "burbuja" que le impide reconocer a sus semejantes. La lucha colectiva sigue siendo una forma importante de mejorar las condiciones de vida, pero es urgente recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora para poder enfrentar los desafíos del futuro.
El trabajo ya no es el eje de la identidad y la comunidad. El sentido de pertenencia se ha desplazado hacia el consumo, el género, la edad, la raza, la nacionalidad o la orientación sexual. Estos factores también son legítimos, pero han relegado a la cuestión de clase a un segundo plano.
No hay una medición empírica clara del nivel de conciencia de clase. Tampoco se realizan encuestas sobre ello. El CIS, desde 2019, pregunta a la gente con qué clase social se identifica, pero solo el 75% y el 200% de la media nacional de ingresos se consideran como de clase trabajadora. En el último barómetro, cerca de un 40% de los españoles se ubicaba en esta categoría.
Sin embargo, entender cuál es tu nivel de renta en comparación con el de los demás no equivale a saber por qué estás ahí, qué sistema lo produce y con quién compartes esos conflictos. La gente puede tener las condiciones de vida de la clase obrera, pero no percibe a sí misma como parte de ella.
La fragmentación de la clase trabajadora se explica por el fracaso de las instituciones que aglutinaban a la clase laboral. No hay una lógica que vuelva a recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora. El trabajo ha dejado de ser el principal elemento en base al cual construimos nuestra identidad.
Hoy, la gente se define más por lo que consume que por su trabajo. Es decir, qué se compra, cómo se vive, qué se aspira a tener sustituye a los vínculos de clase. Esto se refleja en una cultura individualista que sustituye al compañerismo obrero.
El resultado es un bloque popular dividido en diversos intereses. La gente está enfrentada y no se puede identificar con la clase trabajadora. El debate sobre la inmigración, por ejemplo, suele ser controvertido y se aprovecha para empeorar las condiciones de empleo.
La urgencia es alcanzar una lógica que vuelva a recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora. Entender a qué grupo social se pertenece sigue siendo una de las claves para mejorar las condiciones de vida. La dramaturga Nayarit Fuentes sostiene que una de las claves para reconstruir la conciencia de clase es convencerse de que la lucha colectiva acaba dando resultado.
En resumen, la desintegración de la clase trabajadora se explica por un cambio en la sociedad y el sistema productivo. El trabajo ya no es el eje de la identidad y la comunidad, y la gente vive en una "burbuja" que le impide reconocer a sus semejantes. La lucha colectiva sigue siendo una forma importante de mejorar las condiciones de vida, pero es urgente recuperar la unidad dentro de la clase trabajadora para poder enfrentar los desafíos del futuro.