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El mundo del bienestar se está llevando por atrás a la música. Un estudio reciente de más de 10,800 personas mayores de 70 años concluye que escuchar música puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar demencia y ayudar a mantener la memoria en la vejez.
Según los datos del estudio liderado por la Universidad de Monash en Australia, las personas que escuchan música con frecuencia presentan un 39% menos de riesgo de desarrollar demencia y un 17% menos de probabilidad de sufrir deterioro cognitivo. Además, aquellos que escuchaban música con regularidad obtienen mejoras en la memoria episódica, lo cual es la capacidad para recordar hechos cotidianos como conversaciones, citas o lo que hicimos ayer.
La ciencia lleva tiempo señalando que la música activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo: memoria, emoción, atención y coordinación. Además, tocar un instrumento implica aprendizaje continuo, disciplina y estimulación sensorial. Estudios previos han demostrado que la actividad musical puede favorecer la plasticidad cerebral, incluso en edades avanzadas.
En este contexto, darle al play también cuenta. La demencia es uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo, y no existe una cura. En este escenario, retrasar su aparición o reducir el riesgo es una prioridad. Y ahí entran los hábitos cotidianos: accesibles, baratos y sostenibles.
La música se está convirtiendo en un factor relevante en la salud cerebral. Escuchar música puede convertirse en una aliada inesperada para cuidar la memoria. Porque a veces, proteger el cerebro empieza con algo tan simple como darle al play.
Según los datos del estudio liderado por la Universidad de Monash en Australia, las personas que escuchan música con frecuencia presentan un 39% menos de riesgo de desarrollar demencia y un 17% menos de probabilidad de sufrir deterioro cognitivo. Además, aquellos que escuchaban música con regularidad obtienen mejoras en la memoria episódica, lo cual es la capacidad para recordar hechos cotidianos como conversaciones, citas o lo que hicimos ayer.
La ciencia lleva tiempo señalando que la música activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo: memoria, emoción, atención y coordinación. Además, tocar un instrumento implica aprendizaje continuo, disciplina y estimulación sensorial. Estudios previos han demostrado que la actividad musical puede favorecer la plasticidad cerebral, incluso en edades avanzadas.
En este contexto, darle al play también cuenta. La demencia es uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo, y no existe una cura. En este escenario, retrasar su aparición o reducir el riesgo es una prioridad. Y ahí entran los hábitos cotidianos: accesibles, baratos y sostenibles.
La música se está convirtiendo en un factor relevante en la salud cerebral. Escuchar música puede convertirse en una aliada inesperada para cuidar la memoria. Porque a veces, proteger el cerebro empieza con algo tan simple como darle al play.