TertuliaDelSurX
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En el corazón del norte de Francia, rodeada por las fronteras con Alemania y Suiza, se encuentra la región de Alsacia, una joya cultural y natural que atrae cada año millones de turistas. Entre ellos, muchos viajeros españoles que buscan escapar de la calura del invierno y disfrutar de un ambiente más tranquilo y con precios más económicos.
Ribeauvillé, uno de los pueblos más encantadores de esta región, es un destino imperdible. Con sus callejuelas empedradas y casas de colores brillantes, este pueblo rivaliza en belleza con las famosas localidades como Colmar, Eguisheim y Riquewihr. La mejor manera de descubrir su encanto es sin rumbo, alzando la vista para no perderse ningún detalle de sus fachadas alsacianas.
La Grand Rue, la calle principal del pueblo, es un lugar emblemático donde se encuentran los edificios de entramado de madera más bellos e interesantes. La pequeña capilla de Santa Catalina, de siglo XIV, hoy convertida en sala de exposiciones, es otro punto de interés. El casco histórico del pueblo se encuentra rodeado parcialmente por una muralla que agrega a su encanto.
La Plaza principal, rodeada de edificios renacentistas y la Fuente del Ciervo de 1536, es un lugar donde no debes perderte. Y sin embargo, hay una torre que destaca: la des Bouchers o Torre de los Carniceros, con su historia y belleza que esperan ser descubiertas.
Las pintorescas viviendas de entramado de madera forman parte del legado histórico de Ribeauvillé. Una de las más destacadas es la Pfifferhus, o casa de los juglares, en pie desde 1663, con su fachada ricamente decorada y estatua que representa a la Virgen María y al Arcángel Gabriel. Otra de las más originales es el albergue Éléphant, de 1522, que hoy alberga un restaurante.
Tras deambular por el pueblo, otro fantástico plan es salir de las murallas para disfrutar del encanto de la campiña alsaciana y recorrer los viñedos de alrededor. Esta pequeña ruta conduce hasta los tres castillos de la localidad: el Château du Girsberg, el Château du Haut-Ribeaupierre y el Château de Saint-Ulrich, declarados Monumentos Históricos.
Finalmente, Ribeauvillé es famosa por su festival más antiguo, el Pfifferdaj, que se celebra la primera semana de septiembre y se remonta nada menos que a 1481. Durante un fin de semana, la localidad se viste de fiesta para rendir homenaje al gremio de juglares que en la época medieval se reunía para elegir al rey.
Ribeauvillé, uno de los pueblos más encantadores de esta región, es un destino imperdible. Con sus callejuelas empedradas y casas de colores brillantes, este pueblo rivaliza en belleza con las famosas localidades como Colmar, Eguisheim y Riquewihr. La mejor manera de descubrir su encanto es sin rumbo, alzando la vista para no perderse ningún detalle de sus fachadas alsacianas.
La Grand Rue, la calle principal del pueblo, es un lugar emblemático donde se encuentran los edificios de entramado de madera más bellos e interesantes. La pequeña capilla de Santa Catalina, de siglo XIV, hoy convertida en sala de exposiciones, es otro punto de interés. El casco histórico del pueblo se encuentra rodeado parcialmente por una muralla que agrega a su encanto.
La Plaza principal, rodeada de edificios renacentistas y la Fuente del Ciervo de 1536, es un lugar donde no debes perderte. Y sin embargo, hay una torre que destaca: la des Bouchers o Torre de los Carniceros, con su historia y belleza que esperan ser descubiertas.
Las pintorescas viviendas de entramado de madera forman parte del legado histórico de Ribeauvillé. Una de las más destacadas es la Pfifferhus, o casa de los juglares, en pie desde 1663, con su fachada ricamente decorada y estatua que representa a la Virgen María y al Arcángel Gabriel. Otra de las más originales es el albergue Éléphant, de 1522, que hoy alberga un restaurante.
Tras deambular por el pueblo, otro fantástico plan es salir de las murallas para disfrutar del encanto de la campiña alsaciana y recorrer los viñedos de alrededor. Esta pequeña ruta conduce hasta los tres castillos de la localidad: el Château du Girsberg, el Château du Haut-Ribeaupierre y el Château de Saint-Ulrich, declarados Monumentos Históricos.
Finalmente, Ribeauvillé es famosa por su festival más antiguo, el Pfifferdaj, que se celebra la primera semana de septiembre y se remonta nada menos que a 1481. Durante un fin de semana, la localidad se viste de fiesta para rendir homenaje al gremio de juglares que en la época medieval se reunía para elegir al rey.