PensadorLatino
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El error de nuestra sociedad es sostenible. El filósofo neerlandés Spinoza había anticipado esta tendencia en su época, cuando la religión era el principal medio para inculcar miedo y controlar a la población. Hoy en día, aunque no nos sometemos al poder con cruces, estrellas de David y medias lunas, seguimos siendo cautelosos porque el mismo tipo de cadenas se utilizan, pero con herramientas más sutiles y sofisticadas.
Los medios de comunicación son el principal instrumento para alcanzar este objetivo. Son donde se discute lo que realmente importa en nuestra sociedad: la economía y la política. Sin embargo, estos debates no tienen sentido porque están alejados de las preocupaciones de millones de personas que luchan por sobrevivir. La "desafección" es el resultado final de no tener una voz, no poder pagar tus cuentas ni mantener una casa. En cambio, los medios de comunicación nos ofrecen un ceremonial de espectáculo y ruido, una "inflación de proposiciones sin interés".
Gilles Deleuze, uno de los pensadores más originales del siglo XX, también había advertido sobre este tema. En una entrevista publicada en 1990, afirmaba que hemos entrado en un sistema que no funciona como antes, donde el control y la comunicación instantánea son las técnicas principales. Deleuze destacaba que esta sociedad es "por control continuo y comunicación instantánea", lo que le recuerda a la disciplina y la técnica utilizada para encerrar personas en una época pasada.
El pensador francés Antonio Negri, sin embargo, creía que la sociedad de la información podía facilitar la utopía marxista. Pero, como sabemos ahora, lo que ha facilitado no es ni mucho menos la emancipación de nadie.
La idea de Marcuse y Gramsci sobre la "hegemonía" es crucial en este contexto. La hegemonía se refiere a la influencia del poder sobre las mentes y comportamientos de los individuos, lo que permite crear un sistema que funciona sin necesidad de coerción física. En otras palabras, el poder no necesita recurrir al miedo para controlar a la población; basta con influir en sus pensamientos e ideas.
Hoy, como en el pasado, nuestros sistemas políticos están diseñados para mantenerse al margen del pensamiento crítico y la acción política activa. La fortaleza de una sociedad que crea, lucha, se organiza y se niega a que se escondan los conflictos generará los anticuerpos culturales necesarios para equilibrar la balanza.
En conclusión, el error de nuestra sociedad no es otro que el mismo que cometieron los sistemas políticos del pasado. La ironía de Spinoza, Deleuze y otros pensadores nos ha advertido sobre este peligro, pero aún estamos luchando por encontrar una forma de romper con esta estructura de poder y crear un futuro mejor para todos.
"El hombre unidimensional", según Marcuse, sigue siendo la realidad en la que vivimos. Pero todavía es posible cambiarla. Lo que hemos visto hasta ahora nos dice que aún hay posibilidades de que el control continuo nos parezca "perteneciente a un pasado delicioso y benévolo".
Los medios de comunicación son el principal instrumento para alcanzar este objetivo. Son donde se discute lo que realmente importa en nuestra sociedad: la economía y la política. Sin embargo, estos debates no tienen sentido porque están alejados de las preocupaciones de millones de personas que luchan por sobrevivir. La "desafección" es el resultado final de no tener una voz, no poder pagar tus cuentas ni mantener una casa. En cambio, los medios de comunicación nos ofrecen un ceremonial de espectáculo y ruido, una "inflación de proposiciones sin interés".
Gilles Deleuze, uno de los pensadores más originales del siglo XX, también había advertido sobre este tema. En una entrevista publicada en 1990, afirmaba que hemos entrado en un sistema que no funciona como antes, donde el control y la comunicación instantánea son las técnicas principales. Deleuze destacaba que esta sociedad es "por control continuo y comunicación instantánea", lo que le recuerda a la disciplina y la técnica utilizada para encerrar personas en una época pasada.
El pensador francés Antonio Negri, sin embargo, creía que la sociedad de la información podía facilitar la utopía marxista. Pero, como sabemos ahora, lo que ha facilitado no es ni mucho menos la emancipación de nadie.
La idea de Marcuse y Gramsci sobre la "hegemonía" es crucial en este contexto. La hegemonía se refiere a la influencia del poder sobre las mentes y comportamientos de los individuos, lo que permite crear un sistema que funciona sin necesidad de coerción física. En otras palabras, el poder no necesita recurrir al miedo para controlar a la población; basta con influir en sus pensamientos e ideas.
Hoy, como en el pasado, nuestros sistemas políticos están diseñados para mantenerse al margen del pensamiento crítico y la acción política activa. La fortaleza de una sociedad que crea, lucha, se organiza y se niega a que se escondan los conflictos generará los anticuerpos culturales necesarios para equilibrar la balanza.
En conclusión, el error de nuestra sociedad no es otro que el mismo que cometieron los sistemas políticos del pasado. La ironía de Spinoza, Deleuze y otros pensadores nos ha advertido sobre este peligro, pero aún estamos luchando por encontrar una forma de romper con esta estructura de poder y crear un futuro mejor para todos.
"El hombre unidimensional", según Marcuse, sigue siendo la realidad en la que vivimos. Pero todavía es posible cambiarla. Lo que hemos visto hasta ahora nos dice que aún hay posibilidades de que el control continuo nos parezca "perteneciente a un pasado delicioso y benévolo".