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"El civismo se ha convertido en puritanismo en el mundo cultural español"
La historia de las jornadas literarias "Letras en Sevilla", organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, es un ejemplo perfecto del cómo la extrema derecha y algunos sectores conservadores han intentado imponer su visión del mundo a través de la censura ideológica.
En 1977, el líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, se enfrentó al líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, en un acto del Club Siglo XXI. La presentación de Carrillo fue una prueba del civismo, en la que ambos personajes debían escuchar con respeto a alguien con ideologías muy diferentes.
Actualmente, la renuncia de David Uclés a participar en esas jornadas ha sido objeto de crítica y condena. El escritor se había negado a compartir el mismo escenario que José María Aznar y Iván Espinosa de los Monteros, lo que habría sido una prueba del algodón para Carrillo.
Pero la historia no termina ahí. La misma dinámica de confrontación y censura ideológica se ha repetido en otros actos culturales. El éxito de esa farsa muestra que los puritanos celebran su propia gloria.
El "civismo" se ha convertido en un término arcaico, mientras que la intelectualización de las discrepancias y la imposición de una visión única del mundo han tomado el lugar.
La pregunta es: ¿qué queda de la democracia si no podemos discutir ideas contrarias sin miedo a ser acusados de "degeneración" o "no patriotas"?
La historia de las jornadas literarias "Letras en Sevilla", organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, es un ejemplo perfecto del cómo la extrema derecha y algunos sectores conservadores han intentado imponer su visión del mundo a través de la censura ideológica.
En 1977, el líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, se enfrentó al líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, en un acto del Club Siglo XXI. La presentación de Carrillo fue una prueba del civismo, en la que ambos personajes debían escuchar con respeto a alguien con ideologías muy diferentes.
Actualmente, la renuncia de David Uclés a participar en esas jornadas ha sido objeto de crítica y condena. El escritor se había negado a compartir el mismo escenario que José María Aznar y Iván Espinosa de los Monteros, lo que habría sido una prueba del algodón para Carrillo.
Pero la historia no termina ahí. La misma dinámica de confrontación y censura ideológica se ha repetido en otros actos culturales. El éxito de esa farsa muestra que los puritanos celebran su propia gloria.
El "civismo" se ha convertido en un término arcaico, mientras que la intelectualización de las discrepancias y la imposición de una visión única del mundo han tomado el lugar.
La pregunta es: ¿qué queda de la democracia si no podemos discutir ideas contrarias sin miedo a ser acusados de "degeneración" o "no patriotas"?