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Estados Unidos se enfrenta a un escenario crecientemente peligroso en el que Europa puede darle una lección sin vender un solo bono del Tesoro. El principal detonador de este conflicto comercial es la militarización de Groenlandia, un país estratégico donde Washington quiere avanzar con una presencia defensiva sin el aval de Dinamarca ni del gobierno groenlandés.
Donald Trump ha retirado los aranceles que planeaba imponer en febrero tras anunciar un principio de acuerdo con la OTAN sobre Groenlandia. A cambio, la Casa Blanca abre la puerta a una negociación "a largo plazo" sobre la presencia de defensa estadounidense en la región.
Sin embargo, este gesto no ha calmado el fondo de un conflicto donde la Unión Europea (UE) quiere reforzar su capacidad de presión sin depender de amenazas financieras. La venta de bonos del Tesoro estadounidense es un recurso que solo se utiliza en momentos de crisis.
La UE ha desplegado varios frentes para molestar a Estados Unidos sin desestabilizar los mercados. El primer frente está desplegado con la Ley de Servicios Digitales, que puede limitar el modelo de negocio de tecnológicas como Google, Meta o Amazon con una simple revisión de algoritmos.
El Instrumento Anticoerción permite a la UE bloquear el acceso de empresas extranjeras a contratos públicos si un país tercero actúa con medidas coercitivas. Esto dejaría fuera a buena parte del sector servicios estadounidense en Europa, donde las exportaciones de Estados Unidos superaron los 295.000 millones de dólares en 2024.
Otra vía menos visible pero potencialmente más eficaz es cortar el suministro de equipamiento tecnológico difícil de sustituir. La neerlandesa ASML, virtual monopolista global en maquinaria de litografía para semiconductores, podría suspender el acceso a sus clientes estadounidenses en caso de escalada.
Bruselas también ha desempolvado medidas más convencionales como el "Buy European Act", que incentivaría las compras públicas dentro de la UE y reduciría la dependencia de proveedores estadounidenses. Esta medida podría tener consecuencias acumulativas para contratistas como Raytheon, Boeing o Lockheed Martin.
En un entorno de tipos altos y deuda cara, cualquier impacto comercial amplifica sus efectos financieros. Los analistas de JP Morgan advierten que los daños colaterales afectarían también a las expectativas de tipos de interés y podrían frenar cualquier intento de desescalada.
Europa no necesita vaciar sus carteras de deuda estadounidense para hacer daño. Pero la amenaza implícita persiste, con ocho billones de dólares en activos norteamericanos en manos europeas que actúan como un detonador sin activar.
La UE puede molestar a Estados Unidos sin desestabilizar los mercados. La venta de bonos del Tesoro estadounidense es un recurso de último recurso. Hoy, Europa puede molestar mucho antes.
Donald Trump ha retirado los aranceles que planeaba imponer en febrero tras anunciar un principio de acuerdo con la OTAN sobre Groenlandia. A cambio, la Casa Blanca abre la puerta a una negociación "a largo plazo" sobre la presencia de defensa estadounidense en la región.
Sin embargo, este gesto no ha calmado el fondo de un conflicto donde la Unión Europea (UE) quiere reforzar su capacidad de presión sin depender de amenazas financieras. La venta de bonos del Tesoro estadounidense es un recurso que solo se utiliza en momentos de crisis.
La UE ha desplegado varios frentes para molestar a Estados Unidos sin desestabilizar los mercados. El primer frente está desplegado con la Ley de Servicios Digitales, que puede limitar el modelo de negocio de tecnológicas como Google, Meta o Amazon con una simple revisión de algoritmos.
El Instrumento Anticoerción permite a la UE bloquear el acceso de empresas extranjeras a contratos públicos si un país tercero actúa con medidas coercitivas. Esto dejaría fuera a buena parte del sector servicios estadounidense en Europa, donde las exportaciones de Estados Unidos superaron los 295.000 millones de dólares en 2024.
Otra vía menos visible pero potencialmente más eficaz es cortar el suministro de equipamiento tecnológico difícil de sustituir. La neerlandesa ASML, virtual monopolista global en maquinaria de litografía para semiconductores, podría suspender el acceso a sus clientes estadounidenses en caso de escalada.
Bruselas también ha desempolvado medidas más convencionales como el "Buy European Act", que incentivaría las compras públicas dentro de la UE y reduciría la dependencia de proveedores estadounidenses. Esta medida podría tener consecuencias acumulativas para contratistas como Raytheon, Boeing o Lockheed Martin.
En un entorno de tipos altos y deuda cara, cualquier impacto comercial amplifica sus efectos financieros. Los analistas de JP Morgan advierten que los daños colaterales afectarían también a las expectativas de tipos de interés y podrían frenar cualquier intento de desescalada.
Europa no necesita vaciar sus carteras de deuda estadounidense para hacer daño. Pero la amenaza implícita persiste, con ocho billones de dólares en activos norteamericanos en manos europeas que actúan como un detonador sin activar.
La UE puede molestar a Estados Unidos sin desestabilizar los mercados. La venta de bonos del Tesoro estadounidense es un recurso de último recurso. Hoy, Europa puede molestar mucho antes.