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En la ciudad de Barcelona, un año después del inicio de su implementación, los contenedores inteligentes siguen estancados. El Ayuntamiento de Barcelona, que creó un grupo de trabajo técnico y político para abordar el tema, no ha logrado avanzar en el despliegue del sistema.
La primera reunión del grupo, programada para mayo del año pasado, se suspendió debido a problemas de agenda. Aunque se habían marcado las visitas a cuatro municipios donde ya está en funcionamiento el sistema, nada ha cambiado desde entonces.
El gobierno de Jaume Collboni nunca ha compartido las conclusiones de la visita con el resto de la oposición ni ha hecho pública una puesta en común. El despliegue del modelo sigue encallado y sin planificación clara.
La primera teniente de alcalde, Laia Bonet, había advertido que en ciudades como Manresa y Girona la implantación del modelo había generado graves fallos técnicos y un grave perjuicio para la ciudadanía. Según ella, Barcelona no puede permitirse una situación similar.
Bonet ha insistido en la necesidad de encontrar "la fórmula más acertada" para implementar el sistema en una ciudad tan grande y densa como Barcelona. Ha planteado trabajar con empresas tecnológicas para exigir mejoras en sus productos y con otras administraciones para realizar los ajustes informáticos necesarios.
Sin embargo, el proceso ha sido lento y la oposición no se ha unido a este esfuerzo. Junts, BComú, ERC y PP han explicado que no han recibido ninguna novedad al respecto ni hay fijada una reunión en el calendario. Las conclusiones de las visitas siguen en el aire.
El Ayuntamiento de Barcelona planea empezar con una prueba piloto en cuatro zonas de la ciudad, una para cada adjudicatario del nuevo contrato de limpieza municipal, y una vez consolidada ir extendiendo el nuevo sistema progresivamente. Estas cuatro zonas, todavía por decidir, albergarían unos 50.000 vecinos.
La situación sigue siendo incierta y no se sabe cuándo Barcelona podrá desplegar los contenedores inteligentes de manera efectiva.
La primera reunión del grupo, programada para mayo del año pasado, se suspendió debido a problemas de agenda. Aunque se habían marcado las visitas a cuatro municipios donde ya está en funcionamiento el sistema, nada ha cambiado desde entonces.
El gobierno de Jaume Collboni nunca ha compartido las conclusiones de la visita con el resto de la oposición ni ha hecho pública una puesta en común. El despliegue del modelo sigue encallado y sin planificación clara.
La primera teniente de alcalde, Laia Bonet, había advertido que en ciudades como Manresa y Girona la implantación del modelo había generado graves fallos técnicos y un grave perjuicio para la ciudadanía. Según ella, Barcelona no puede permitirse una situación similar.
Bonet ha insistido en la necesidad de encontrar "la fórmula más acertada" para implementar el sistema en una ciudad tan grande y densa como Barcelona. Ha planteado trabajar con empresas tecnológicas para exigir mejoras en sus productos y con otras administraciones para realizar los ajustes informáticos necesarios.
Sin embargo, el proceso ha sido lento y la oposición no se ha unido a este esfuerzo. Junts, BComú, ERC y PP han explicado que no han recibido ninguna novedad al respecto ni hay fijada una reunión en el calendario. Las conclusiones de las visitas siguen en el aire.
El Ayuntamiento de Barcelona planea empezar con una prueba piloto en cuatro zonas de la ciudad, una para cada adjudicatario del nuevo contrato de limpieza municipal, y una vez consolidada ir extendiendo el nuevo sistema progresivamente. Estas cuatro zonas, todavía por decidir, albergarían unos 50.000 vecinos.
La situación sigue siendo incierta y no se sabe cuándo Barcelona podrá desplegar los contenedores inteligentes de manera efectiva.