LatamConectadoX
Well-known member
La violencia en las calles de Irán es un escenario que parece sacado de una película de terror. La Guardia Revolucionaria Islámica, junto con su milicia auxiliar, los Basij, actúan como sicarios del régimen, disparando contra manifestantes, irrumpiendo en universidades y cercando barrios enteros para aplastar las protestas que se extienden por todo el país.
Se calcula que más de 500 muertos y miles de detenidos han sido testigos de la brutal represión. Organizaciones de derechos humanos describen esta situación como una "operación sistemática de terror" contra la población civil. Los vídeos difundidos en las redes sociales muestran a fuerzas de seguridad abriendo fuego con escopetas de perdigones y munición real, lanzando gases lacrimógenos y persiguiendo a los manifestantes por calles y edificios.
En algunas ciudades, como Fasa, Isfahán y Teherán, la violencia es especialmente brutal. En Fasa, agentes de la Guardia Revolucionaria Islámica dispararon contra una multitud que intentaba acceder a la sede del gobernador mientras se escuchaban consignas como "muerte a Khamenei". Testigos relatan impactos en cabeza y cuello, una táctica letal denunciada por médicos.
La respuesta de Teherán ha sido cerrar filas en torno a la Guardia Revolucionaria, cuyos mandos dominan los resortes del poder. Altos cargos han llegado a amenazar con represalias regionales si hay presión internacional, mientras justifican la represión como defensa de la "seguridad nacional".
La comunidad internacional observa con alarma y está estudiando sanciones dirigidas contra mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Las ONG hablan abiertamente de crímenes graves contra la población civil, pero en las calles de Irán el miedo no ha sofocado la protesta. Miles de ciudadanos siguen saliendo, conscientes de que enfrente están los sicarios del régimen, pero decididos a desafiar una dictadura que responde a las demandas sociales con balas y sangre.
La crisis económica es el origen de las protestas, que comenzaron cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán cerraron en señal de protesta por la situación económica. La devaluación acelerada de la moneda, el precio del dólar se ha disparado y encareciendo productos básicos. La inflación descontrolada y el empobrecimiento de la clase media han contribuido a esta crisis.
El hartazgo social es otro factor clave. El desempleo juvenil elevado y falta de expectativas, la corrupción generalizada y la percepción de que las élites del régimen viven al margen de la crisis, han llevado a la población a tomar la calle. El cansancio tras años de sanciones internacionales y mala gestión interna también ha contribuido a este descontento.
La protesta ha evolucionado rápidamente hacia consignas contra la República Islámica y el líder supremo, Alí Jamenei. Muchos manifestantes piden el fin del sistema de los ayatolás, no solo reformas. La situación en Irán es cada vez más tensa y peligrosa.
Se calcula que más de 500 muertos y miles de detenidos han sido testigos de la brutal represión. Organizaciones de derechos humanos describen esta situación como una "operación sistemática de terror" contra la población civil. Los vídeos difundidos en las redes sociales muestran a fuerzas de seguridad abriendo fuego con escopetas de perdigones y munición real, lanzando gases lacrimógenos y persiguiendo a los manifestantes por calles y edificios.
En algunas ciudades, como Fasa, Isfahán y Teherán, la violencia es especialmente brutal. En Fasa, agentes de la Guardia Revolucionaria Islámica dispararon contra una multitud que intentaba acceder a la sede del gobernador mientras se escuchaban consignas como "muerte a Khamenei". Testigos relatan impactos en cabeza y cuello, una táctica letal denunciada por médicos.
La respuesta de Teherán ha sido cerrar filas en torno a la Guardia Revolucionaria, cuyos mandos dominan los resortes del poder. Altos cargos han llegado a amenazar con represalias regionales si hay presión internacional, mientras justifican la represión como defensa de la "seguridad nacional".
La comunidad internacional observa con alarma y está estudiando sanciones dirigidas contra mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Las ONG hablan abiertamente de crímenes graves contra la población civil, pero en las calles de Irán el miedo no ha sofocado la protesta. Miles de ciudadanos siguen saliendo, conscientes de que enfrente están los sicarios del régimen, pero decididos a desafiar una dictadura que responde a las demandas sociales con balas y sangre.
La crisis económica es el origen de las protestas, que comenzaron cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán cerraron en señal de protesta por la situación económica. La devaluación acelerada de la moneda, el precio del dólar se ha disparado y encareciendo productos básicos. La inflación descontrolada y el empobrecimiento de la clase media han contribuido a esta crisis.
El hartazgo social es otro factor clave. El desempleo juvenil elevado y falta de expectativas, la corrupción generalizada y la percepción de que las élites del régimen viven al margen de la crisis, han llevado a la población a tomar la calle. El cansancio tras años de sanciones internacionales y mala gestión interna también ha contribuido a este descontento.
La protesta ha evolucionado rápidamente hacia consignas contra la República Islámica y el líder supremo, Alí Jamenei. Muchos manifestantes piden el fin del sistema de los ayatolás, no solo reformas. La situación en Irán es cada vez más tensa y peligrosa.