LatinoConTinta
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El ciclo de Navidad se clausura y ya tenemos las primeras señales de agotamiento emocional. Después de una temporada intensa de reencuentros familiares, conversaciones complicadas y presión social, el cuerpo y la mente están desgastados.
No es la comida lo que nos agota, sino cómo nos sostemos en el nuevo año. El cansancio es la respuesta del cuerpo a las emociones acumuladas durante las fiestas. "El problema no es el roscón", dice Ana Morales, psicóloga especializada en obesidad y trastornos alimenticios. "Es cómo llegamos a diciembre y cómo salimos de él".
Tras la Navidad, surge el 'me he pasado', el 'ahora sí' y el 'esto no puede seguir así'. En realidad, estamos empezando un mes de penitencia en la que todo se centra en la comida. Pero, ¿por qué? Según Morales, es porque no hay recursos para manejar el agotamiento emocional que nos deja el fin de año.
"El cuerpo está saturado de emociones y decisiones", explica. "Y, sin darnos cuenta, nos enfocamos solo en el plato". La psicóloga destaca que la verdadera causa del agotamiento es la tensión acumulada y no solo por lo que comemos.
En realidad, el problema está en cómo vivimos nuestro nuevo año. El control pretendido casi siempre se dirige al cuerpo, no a la cansancio emocional profundo. La respuesta al agotamiento suele ser apretarse más, lo que nos lleva a sentir más ansiedad y tensión.
"El cuerpo no sabe que es enero", dice Morales. "Solo sabe que está agotado". Y cuando el cuerpo está agotado, cualquier propósito suena a ruido.
La restricción puede aumentar la ansiedad y la obsesión por la comida. Por eso tantas personas empiezan enero muy motivadas, pero lo terminan sintiendo un fracaso porque no pueden regular su hambre y su urgencia cuando el cuerpo está agotado.
En lugar de castigarnos a nosotros mismos con dietas estrictas o restricciones alimentarias, la psicóloga sugiere bajar el ritmo. "La respuesta no está en el plato", dice. "Sino en bajar el ritmo y descansar".
"Parar es una forma de cuidado real", dice Morales. Y enero no debería ser el mes del castigo, sino del cuidado emocional y físico.
No es la comida lo que nos agota, sino cómo nos sostemos en el nuevo año. El cansancio es la respuesta del cuerpo a las emociones acumuladas durante las fiestas. "El problema no es el roscón", dice Ana Morales, psicóloga especializada en obesidad y trastornos alimenticios. "Es cómo llegamos a diciembre y cómo salimos de él".
Tras la Navidad, surge el 'me he pasado', el 'ahora sí' y el 'esto no puede seguir así'. En realidad, estamos empezando un mes de penitencia en la que todo se centra en la comida. Pero, ¿por qué? Según Morales, es porque no hay recursos para manejar el agotamiento emocional que nos deja el fin de año.
"El cuerpo está saturado de emociones y decisiones", explica. "Y, sin darnos cuenta, nos enfocamos solo en el plato". La psicóloga destaca que la verdadera causa del agotamiento es la tensión acumulada y no solo por lo que comemos.
En realidad, el problema está en cómo vivimos nuestro nuevo año. El control pretendido casi siempre se dirige al cuerpo, no a la cansancio emocional profundo. La respuesta al agotamiento suele ser apretarse más, lo que nos lleva a sentir más ansiedad y tensión.
"El cuerpo no sabe que es enero", dice Morales. "Solo sabe que está agotado". Y cuando el cuerpo está agotado, cualquier propósito suena a ruido.
La restricción puede aumentar la ansiedad y la obsesión por la comida. Por eso tantas personas empiezan enero muy motivadas, pero lo terminan sintiendo un fracaso porque no pueden regular su hambre y su urgencia cuando el cuerpo está agotado.
En lugar de castigarnos a nosotros mismos con dietas estrictas o restricciones alimentarias, la psicóloga sugiere bajar el ritmo. "La respuesta no está en el plato", dice. "Sino en bajar el ritmo y descansar".
"Parar es una forma de cuidado real", dice Morales. Y enero no debería ser el mes del castigo, sino del cuidado emocional y físico.