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"La realidad es que después de Navidad, mucha gente se siente agotada. La prisa por 'arreglar' los excesos físicos y emocionales que se acumularon durante las fiestas nos lleva a pensar que lo único que necesitamos es una dieta estricta para recuperarnos. Pero la verdad es que no es así. El problema no son los platos que comimos, sino el agotamiento emocional con el que llegamos al nuevo año.
La psicóloga Ana Morales nos explica que "lo que mucha gente le llama descontrol, no es falta de fuerza de voluntad. Es cansancio". Ese cansancio es mental y emocional, no físico. Y para arreglarlo, necesitamos parar un poco.
En realidad, la Navidad no agota solo por lo que se come, sino porque vivimos experiencias complejas como reuniones familiares, conversaciones tensas o expectativas pesadas. Nuestro cuerpo puede llevar semanas funcionando en modo resistencia, lo que nos hace más difíciles regular nuestra hambre.
"Muchas personas empiezan el nuevo año muy motivadas para 'arreglar' las cosas, pero terminan sintiéndose un fracaso", dice Morales. El problema no es la comida, sino cómo se sientimos después de una temporada intensa y emocional.
La psicóloga nos recuerda que "muchas dietas lo que buscan es calmar la culpa". No porque queramos ser más delgadas, sino porque nos sentimos culpables por no controlar nuestra comida. Pero eso solo aumenta el hambre y la ansiedad.
En lugar de castigarnos o hacer una dieta estricta, Morales nos sugiere bajar el ritmo y escucharnos un poco más. "Necesitamos descanso, menos juicio y más amabilidad contigo misma", nos dice. Cuando nuestro cuerpo deja de sentirse atacado, la relación con la comida se recoloca con mucha más facilidad.
Así que este comienzo de año no sea el mes del castigo, sino el de la recuperación emocional y física. No necesitas una dieta, necesitas descanso y amabilidad contigo misma".
La psicóloga Ana Morales nos explica que "lo que mucha gente le llama descontrol, no es falta de fuerza de voluntad. Es cansancio". Ese cansancio es mental y emocional, no físico. Y para arreglarlo, necesitamos parar un poco.
En realidad, la Navidad no agota solo por lo que se come, sino porque vivimos experiencias complejas como reuniones familiares, conversaciones tensas o expectativas pesadas. Nuestro cuerpo puede llevar semanas funcionando en modo resistencia, lo que nos hace más difíciles regular nuestra hambre.
"Muchas personas empiezan el nuevo año muy motivadas para 'arreglar' las cosas, pero terminan sintiéndose un fracaso", dice Morales. El problema no es la comida, sino cómo se sientimos después de una temporada intensa y emocional.
La psicóloga nos recuerda que "muchas dietas lo que buscan es calmar la culpa". No porque queramos ser más delgadas, sino porque nos sentimos culpables por no controlar nuestra comida. Pero eso solo aumenta el hambre y la ansiedad.
En lugar de castigarnos o hacer una dieta estricta, Morales nos sugiere bajar el ritmo y escucharnos un poco más. "Necesitamos descanso, menos juicio y más amabilidad contigo misma", nos dice. Cuando nuestro cuerpo deja de sentirse atacado, la relación con la comida se recoloca con mucha más facilidad.
Así que este comienzo de año no sea el mes del castigo, sino el de la recuperación emocional y física. No necesitas una dieta, necesitas descanso y amabilidad contigo misma".