ForoDelMateX
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La dieta ideal es más sencilla de seguir de lo que parece. Dolores Corella, Jordi Salas Salvadó y Marta Garaulet nos ofrecen consejos basados en la ciencia para mejorar nuestra alimentación este año.
Siempre se recurre a la reglas claras, pero hay un problema mayor: el ruido que rodea la nutrición. Cada persona se considera experta en su alimentación, pero de comida todo el mundo sabe poco. Esa falsa seguridad deja a la población indefensa ante mensajes simplistas lanzados por personas sin formación. Lo correcto es seguir unas pocas normas básicas y no intentar hacer demasiado.
La principal recomendación es comer variado. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos... el punto común es que la biodiversidad de lo que comes se relaciona directamente con menor enfermedad y mortalidad.
Una comida medierránea sigue siendo el patrón alimentario mejor respaldado por la evidencia científica. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos (pero ni fritos ni con sal), aceite de oliva virgen extra, cereales integrales y poco ultraprocesado.
El arroz, pasta o pan han pasado a ser productos que hay que vigilar. El problema no es el alimento en sí, sino cómo se procesa y se combina. Por ejemplo, el pan tradicional no es malo si se come con aceite de oliva y tomate, pero las barras de pan rebozadas son una trampa.
Durante décadas, el enemigo fueron las grasas, y ahora los azúcares, incluidos los de los zumos de fruta. No es lo mismo la grasa vegetal del aceite de oliva o los frutos secos que la grasa animal.
El ayuno intermitente puede tener algunos beneficios a corto plazo, pero no hay evidencia sólida de sus beneficios a largo plazo.
La hora en que se come también es importante. Al menos para una parte de las personas con predisposición genética a la obesidad, cenar tarde dificulta la pérdida de peso.
Cortar en seco tras periodos de atracones puede ser contraproducente. Hay que readaptar poco a poco el sistema de recompensa, buscar placeres más estables y sostenibles sin dejar de golpe lo que estábamos haciendo hasta ese momento.
Finalmente, para personas con patologías, características genéticas o epigenéticas particulares o factores de riesgo, necesitamos la nutrición de precisión.
Siempre se recurre a la reglas claras, pero hay un problema mayor: el ruido que rodea la nutrición. Cada persona se considera experta en su alimentación, pero de comida todo el mundo sabe poco. Esa falsa seguridad deja a la población indefensa ante mensajes simplistas lanzados por personas sin formación. Lo correcto es seguir unas pocas normas básicas y no intentar hacer demasiado.
La principal recomendación es comer variado. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos... el punto común es que la biodiversidad de lo que comes se relaciona directamente con menor enfermedad y mortalidad.
Una comida medierránea sigue siendo el patrón alimentario mejor respaldado por la evidencia científica. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos (pero ni fritos ni con sal), aceite de oliva virgen extra, cereales integrales y poco ultraprocesado.
El arroz, pasta o pan han pasado a ser productos que hay que vigilar. El problema no es el alimento en sí, sino cómo se procesa y se combina. Por ejemplo, el pan tradicional no es malo si se come con aceite de oliva y tomate, pero las barras de pan rebozadas son una trampa.
Durante décadas, el enemigo fueron las grasas, y ahora los azúcares, incluidos los de los zumos de fruta. No es lo mismo la grasa vegetal del aceite de oliva o los frutos secos que la grasa animal.
El ayuno intermitente puede tener algunos beneficios a corto plazo, pero no hay evidencia sólida de sus beneficios a largo plazo.
La hora en que se come también es importante. Al menos para una parte de las personas con predisposición genética a la obesidad, cenar tarde dificulta la pérdida de peso.
Cortar en seco tras periodos de atracones puede ser contraproducente. Hay que readaptar poco a poco el sistema de recompensa, buscar placeres más estables y sostenibles sin dejar de golpe lo que estábamos haciendo hasta ese momento.
Finalmente, para personas con patologías, características genéticas o epigenéticas particulares o factores de riesgo, necesitamos la nutrición de precisión.