MateYOpinión
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El Madrid Design Festival vuelve con más fuerza que nunca, arrancando su novena edición con un despliegue ambicioso que confirma su posición como referente cultural en la ciudad. Hasta mediados de marzo, el festival propone más de doscientos eventos, cerca de trescientos espacios implicados y un programa que se centra en la idea de "rediseñar el mundo".
Álvaro Matías regresa a la dirección del festival, una vez más desde La Fábrica, mientras que Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa se convierte en el corazón expositivo. Tres grandes muestras articulan el discurso del festival: la retrospectiva de André Ricard "Diseño en uso", la colectiva "Manifiesto Mediterráneo" y la exposición inmersiva "Arte textil en Guatemala: diseño e identidad".
La exposición dedicada a André Ricard funciona como columna vertebral conceptual de esta edición. La manera de entender el diseño como servicio, como uso y responsabilidad atraviesa buena parte del programa. La muestra rehúye el recorrido cronológico y sitúa las piezas en los espacios donde adquieren sentido: la mesa, la cocina, el baño, el estudio.
El Mediterráneo aparece así no como estilo, sino como archivo cultural y campo de batalla simbólico. La exposición introduce un desplazamiento geográfico y cultural con "Arte textil en Guatemala: diseño e identidad", que transforma el Fernán Gómez en un espacio inmersivo de tejidos suspendidos, color y sonido.
La edición 2026 del Madrid Design Festival puede leerse como un estado de la cuestión sobre el lugar que ocupa hoy el diseño. Un festival que se lee desde fuera, pero que se basa en prácticas de pensamiento aplicado: ética, economía, identidad y territorio sin necesidad de proclamas.
El Madrid Design Festival es más que un escaparate; es un mapa del cómo el diseño atraviesa la casa, la calle, el trabajo y el mercado. De la lámpara doméstica al tejido comunitario, del objeto industrial al territorio, el festival insiste en que diseñar es tomar decisiones que afectan a cómo se vive.
Álvaro Matías regresa a la dirección del festival, una vez más desde La Fábrica, mientras que Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa se convierte en el corazón expositivo. Tres grandes muestras articulan el discurso del festival: la retrospectiva de André Ricard "Diseño en uso", la colectiva "Manifiesto Mediterráneo" y la exposición inmersiva "Arte textil en Guatemala: diseño e identidad".
La exposición dedicada a André Ricard funciona como columna vertebral conceptual de esta edición. La manera de entender el diseño como servicio, como uso y responsabilidad atraviesa buena parte del programa. La muestra rehúye el recorrido cronológico y sitúa las piezas en los espacios donde adquieren sentido: la mesa, la cocina, el baño, el estudio.
El Mediterráneo aparece así no como estilo, sino como archivo cultural y campo de batalla simbólico. La exposición introduce un desplazamiento geográfico y cultural con "Arte textil en Guatemala: diseño e identidad", que transforma el Fernán Gómez en un espacio inmersivo de tejidos suspendidos, color y sonido.
La edición 2026 del Madrid Design Festival puede leerse como un estado de la cuestión sobre el lugar que ocupa hoy el diseño. Un festival que se lee desde fuera, pero que se basa en prácticas de pensamiento aplicado: ética, economía, identidad y territorio sin necesidad de proclamas.
El Madrid Design Festival es más que un escaparate; es un mapa del cómo el diseño atraviesa la casa, la calle, el trabajo y el mercado. De la lámpara doméstica al tejido comunitario, del objeto industrial al territorio, el festival insiste en que diseñar es tomar decisiones que afectan a cómo se vive.