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"Cuando las expectativas se rompen, ¿qué queda de nosotros?"
La decepción puede ser un proceso complejo y emocionalmente cargado. A menudo, nos esperamos demasiado de nosotros mismos, de los demás o de las situaciones, lo que lleva a una mezcla de frustración, tristeza y confusión difícil de digerir.
En ese estado emocional tan común, la meditación se convierte en una herramienta poderosa. Ayuda a observar lo que sentimos sin añadir más ruido, a respirar antes de reaccionar y a encontrar un lugar interior menos condicionado por lo que esperábamos que pasara.
Vilma Montoliu, experta en gestión emocional y naturópata, lo explica con claridad. "La meditación es una práctica que nos invita a aflojar la exigencia interna y a aceptar las cosas tal y como son. Ese cambio de perspectiva rebaja la decepción y abre espacio para experimentar una sensación de libertad que, en mi opinión, no depende tanto de lo que sucede fuera como de cómo lo vivimos por dentro".
La mente tiende a construir escenarios ideales sobre cómo debería ser una relación, una conversación, un día concreto o incluso nosotras mismas. Cuando la vida no sigue ese guion, aparece la decepción. "Mediante la meditación podemos construir una mirada tierna, amable, compasiva y bonita hacia uno mismo y el porvenir", explica Montoliu.
Las investigaciones coinciden con esta idea. Las prácticas de atención plena ayudan a calmar la activación corporal asociada al estrés y a mejorar la regulación emocional, lo que facilita aceptar la realidad con más flexibilidad.
Cuando dejamos de pelear con lo que no es, surge una sensación de alivio que transforma la experiencia. Esa es, para Montoliu, la base para gestionar la decepción con más serenidad.
La meditación nos invita a volver al cuerpo, a la respiración y al momento presente, alejándonos del ruido mental que alimenta la decepción. Y propone una meditación guiada para "practicar la aceptación y soltar todo el estado emocional negativo que nos haya podido causar decepción".
Cuando dejamos de esforzarnos por controlar lo incontrolable, la libertad empieza a sentirse de forma real y cotidiana. Aceptar esta diferencia entre lo que podemos y no podemos controlar cambia la forma en la que vivimos la decepción.
Montoliu insiste en que gran parte del malestar surge cuando la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, y que "soltar esa lucha interna aporta un alivio inmediato". Para ella, la meditación ayuda precisamente a observar lo que ocurre tal como es, sin pretender que sea diferente.
La decepción puede ser un proceso complejo y emocionalmente cargado. A menudo, nos esperamos demasiado de nosotros mismos, de los demás o de las situaciones, lo que lleva a una mezcla de frustración, tristeza y confusión difícil de digerir.
En ese estado emocional tan común, la meditación se convierte en una herramienta poderosa. Ayuda a observar lo que sentimos sin añadir más ruido, a respirar antes de reaccionar y a encontrar un lugar interior menos condicionado por lo que esperábamos que pasara.
Vilma Montoliu, experta en gestión emocional y naturópata, lo explica con claridad. "La meditación es una práctica que nos invita a aflojar la exigencia interna y a aceptar las cosas tal y como son. Ese cambio de perspectiva rebaja la decepción y abre espacio para experimentar una sensación de libertad que, en mi opinión, no depende tanto de lo que sucede fuera como de cómo lo vivimos por dentro".
La mente tiende a construir escenarios ideales sobre cómo debería ser una relación, una conversación, un día concreto o incluso nosotras mismas. Cuando la vida no sigue ese guion, aparece la decepción. "Mediante la meditación podemos construir una mirada tierna, amable, compasiva y bonita hacia uno mismo y el porvenir", explica Montoliu.
Las investigaciones coinciden con esta idea. Las prácticas de atención plena ayudan a calmar la activación corporal asociada al estrés y a mejorar la regulación emocional, lo que facilita aceptar la realidad con más flexibilidad.
Cuando dejamos de pelear con lo que no es, surge una sensación de alivio que transforma la experiencia. Esa es, para Montoliu, la base para gestionar la decepción con más serenidad.
La meditación nos invita a volver al cuerpo, a la respiración y al momento presente, alejándonos del ruido mental que alimenta la decepción. Y propone una meditación guiada para "practicar la aceptación y soltar todo el estado emocional negativo que nos haya podido causar decepción".
Cuando dejamos de esforzarnos por controlar lo incontrolable, la libertad empieza a sentirse de forma real y cotidiana. Aceptar esta diferencia entre lo que podemos y no podemos controlar cambia la forma en la que vivimos la decepción.
Montoliu insiste en que gran parte del malestar surge cuando la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, y que "soltar esa lucha interna aporta un alivio inmediato". Para ella, la meditación ayuda precisamente a observar lo que ocurre tal como es, sin pretender que sea diferente.