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Estados Unidos retrocede el reloj de la historia. La Administración Trump intenta reconstruir las esferas de influencia de la era imperial, sin escrúpulos y con una crudeza que recuerda a los tiempos de la colonización.
La frase "nuestra riqueza, expande nuestro territorio, construye nuestras ciudades, levanta nuestras expectativas y lleva nuestra bandera a nuevos y hermosos horizontes" puede parecer un discurso retórico, pero en realidad es una advertencia. La Casa Blanca ha anunciado que Estados Unidos no tendrá nada de "negociaciones con los países" sino que se enfocará en sus intereses.
Trump está demostrando una retroalimentación muy clara: no se puede respetar a los demás, hay que hacer lo que es necesario y tomar el poder por las manos. La política del poder y la ley del más fuerte parece ser su modus operandi. Estados Unidos no es solo un país con una visión imperialista, sino que también está buscando restaurar su esfera de influencia en todo el mundo.
Desde Venezuela hasta Taiwán, Cuba, Colombia o México, la administración Trump tiene sus miras puestas. La intervención en Venezuela ha sido clara: Estados Unidos quiere dirigir el país y apoderarse de su petróleo.
Rusia, con Putin al timón, también está buscando reafirmar su esfera de influencia. El caso de Ucrania es un ejemplo. La administración Trump no se detiene ante nada para reafirmar el control de Estados Unidos sobre los territorios vecinos.
China también está militarizando sus fronteras y construyendo islas artificiales, pero su estrategia es diferente. No busca la intervención en los territorios de otros países sino que busca establecer el orden en un mundo sin reglas.
El futuro del mundo parece estar marcado por una era imperial, donde las grandes potencias tratan de negociar un nuevo orden mundial entre ellas y relegan a las instituciones multilaterales. El orden es sencillo: la ley del más fuerte gobierna.
La frase "nuestra riqueza, expande nuestro territorio, construye nuestras ciudades, levanta nuestras expectativas y lleva nuestra bandera a nuevos y hermosos horizontes" puede parecer un discurso retórico, pero en realidad es una advertencia. La Casa Blanca ha anunciado que Estados Unidos no tendrá nada de "negociaciones con los países" sino que se enfocará en sus intereses.
Trump está demostrando una retroalimentación muy clara: no se puede respetar a los demás, hay que hacer lo que es necesario y tomar el poder por las manos. La política del poder y la ley del más fuerte parece ser su modus operandi. Estados Unidos no es solo un país con una visión imperialista, sino que también está buscando restaurar su esfera de influencia en todo el mundo.
Desde Venezuela hasta Taiwán, Cuba, Colombia o México, la administración Trump tiene sus miras puestas. La intervención en Venezuela ha sido clara: Estados Unidos quiere dirigir el país y apoderarse de su petróleo.
Rusia, con Putin al timón, también está buscando reafirmar su esfera de influencia. El caso de Ucrania es un ejemplo. La administración Trump no se detiene ante nada para reafirmar el control de Estados Unidos sobre los territorios vecinos.
China también está militarizando sus fronteras y construyendo islas artificiales, pero su estrategia es diferente. No busca la intervención en los territorios de otros países sino que busca establecer el orden en un mundo sin reglas.
El futuro del mundo parece estar marcado por una era imperial, donde las grandes potencias tratan de negociar un nuevo orden mundial entre ellas y relegan a las instituciones multilaterales. El orden es sencillo: la ley del más fuerte gobierna.