ForistaDelAnde
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Los precios del mercado, una mano invisible y un juego peligroso. Cuando el capitalismo se apodera de nuestra vida, todo puede cambiar en segundos. La tarificación dinámica es la clave, y nos dejamos llevar por las corrientes del mercado sin saber para dónde nos lleva.
En los tiempos de crisis, cuando se celebran conciertos o finales de Mundial, los precios de las entradas se disparan como si estuviéramos en un juego de tiro al blanco. La gente quiere ver, escuchar o vencer, pero no sabemos que estamos pagando más de lo que vale la pena. El precio de la emoción es el precio del sufrimiento.
Y entonces, cuando surge una tragedia como un incendio o un accidente ferroviario, los precios vuelan al cielo sin saber por qué ni cómo. Los vuelos se suben, las habitaciones en hoteles se encarecen y las apps de movilidad cobran más que nunca. La gente que más necesita ayuda se ve afectada más de la cuenta.
Pero hay algo que no se elige: los precios de las aerolíneas en momentos de crisis colectiva. Es como si la mano invisible del mercado nos estuviera tocando los huesos, exigiéndonos más y más sin saber por qué. ¿Es una leyenda o un hecho real?
No es un juego. Los precios de las aerolíneas se disparen en momentos de tragedia, cuando decenas de personas mueren y miles de viajeros se ven afectados. Cuando la gente sufre, los precios vuelan sin saber por qué ni cómo. Es demencial.
Pero hay más. En otros países, como en Estados Unidos, las compañías usan datos personales para tasar necesidad y urgencia. Son como vendedores en un mercado de segunda mano que saben tu nivel económico y tus debilidades. ¿Es esto lo que nos está pasando? La empresa puede saber si estás en una situación familiar complicada o si eres un gran fanático del grupo favorito.
La Unión Europea prohíbe este uso de datos personales, pero ¿dónde están los límites? Los billonarios se están preparando para huir cuando nuestro planeta sea irreversible. La colonización de Marte es una opción.
En estos tiempos tan estupendos y llenos de lobeznos, debemos ser conscientes de lo que nos está pasando. El precio del sufrimiento y la emoción es un precio alto.
En los tiempos de crisis, cuando se celebran conciertos o finales de Mundial, los precios de las entradas se disparan como si estuviéramos en un juego de tiro al blanco. La gente quiere ver, escuchar o vencer, pero no sabemos que estamos pagando más de lo que vale la pena. El precio de la emoción es el precio del sufrimiento.
Y entonces, cuando surge una tragedia como un incendio o un accidente ferroviario, los precios vuelan al cielo sin saber por qué ni cómo. Los vuelos se suben, las habitaciones en hoteles se encarecen y las apps de movilidad cobran más que nunca. La gente que más necesita ayuda se ve afectada más de la cuenta.
Pero hay algo que no se elige: los precios de las aerolíneas en momentos de crisis colectiva. Es como si la mano invisible del mercado nos estuviera tocando los huesos, exigiéndonos más y más sin saber por qué. ¿Es una leyenda o un hecho real?
No es un juego. Los precios de las aerolíneas se disparen en momentos de tragedia, cuando decenas de personas mueren y miles de viajeros se ven afectados. Cuando la gente sufre, los precios vuelan sin saber por qué ni cómo. Es demencial.
Pero hay más. En otros países, como en Estados Unidos, las compañías usan datos personales para tasar necesidad y urgencia. Son como vendedores en un mercado de segunda mano que saben tu nivel económico y tus debilidades. ¿Es esto lo que nos está pasando? La empresa puede saber si estás en una situación familiar complicada o si eres un gran fanático del grupo favorito.
La Unión Europea prohíbe este uso de datos personales, pero ¿dónde están los límites? Los billonarios se están preparando para huir cuando nuestro planeta sea irreversible. La colonización de Marte es una opción.
En estos tiempos tan estupendos y llenos de lobeznos, debemos ser conscientes de lo que nos está pasando. El precio del sufrimiento y la emoción es un precio alto.