ForistaDelDía
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"La subida del alquiler: ¿una realidad objetiva o una cuestión moral?". En los últimos años, España se ha sumido en un clima de crisis habitacional sin precedentes. Los precios de los pisos han salido volando, y muchos jóvenes no pueden encontrar su lugar en el mercado inmobiliario.
El humor satírico intenta desmantelar este escenario con una parodia que nos muestra a un "casero" agreste que dice: "No soy yo... ¡Es el mercado!". La respuesta es clara: la realidad sube porque muchas personas encarecen los pisos y se quedan calladas. Es el mercado, donde las presiones y las expectativas de ganar dinero hacen que las decisiones sean tomadas por gente común, pero sin conciencia moral.
Y aquí es donde entra en juego la ética. ¿Por qué no hablamos de la responsabilidad individual de los propietarios? ¿Por qué no recordamos que, según Marx, el capitalismo pone a los seres humanos al servicio de su reproducción, y no a la inversa?
Pero ¿qué hay de los propietarios que toman decisiones liberas en cuanto a subir o bajar los precios? Algunos incluso ejercen esa libertad de manera responsable, manteniendo precios razonables porque entienden que la vivienda es un espacio donde la gente radica su vida.
Sin embargo, la realidad es que muchos propietarios siguen aumentando los alquileres o se quedan callados cuando se les pregunta sobre el asunto. "No soy yo... ¡Es el mercado!" se convierte en una excusa perfecta para ignorar las críticas y seguir con la lógica del beneficio.
La pregunta es: ¿por qué no podemos usar un verbo de prestigio como la solidaridad o el cuidado, sino que nos quedamos con "malismo", una charca sin salida? Mauro Entrialgo tiene razón al decir que vivimos chapoteando en esa charca del malismo.
La solución requiere políticas colectivas y regulaciones. No podemos apelar a la ética y dejarlo todo a la buena voluntad de los propietarios. Es hora de dar un paso más allá y encontrar soluciones que aborden el problema de manera justa y ética.
La crisis habitacional en España es más que un problema económico, es una cuestión social. No se puede ignorar el sufrimiento e incertidumbre que genera esta situación. Es hora de hablar de responsabilidad individual, de conciencia moral y de políticas que beneficien a todos.
No podemos seguir diciendo "no soy yo... ¡Es el mercado!". Es hora de encontrar un nuevo enfoque, uno que nos permita vivir sin chapotear en la charca del malismo.
El humor satírico intenta desmantelar este escenario con una parodia que nos muestra a un "casero" agreste que dice: "No soy yo... ¡Es el mercado!". La respuesta es clara: la realidad sube porque muchas personas encarecen los pisos y se quedan calladas. Es el mercado, donde las presiones y las expectativas de ganar dinero hacen que las decisiones sean tomadas por gente común, pero sin conciencia moral.
Y aquí es donde entra en juego la ética. ¿Por qué no hablamos de la responsabilidad individual de los propietarios? ¿Por qué no recordamos que, según Marx, el capitalismo pone a los seres humanos al servicio de su reproducción, y no a la inversa?
Pero ¿qué hay de los propietarios que toman decisiones liberas en cuanto a subir o bajar los precios? Algunos incluso ejercen esa libertad de manera responsable, manteniendo precios razonables porque entienden que la vivienda es un espacio donde la gente radica su vida.
Sin embargo, la realidad es que muchos propietarios siguen aumentando los alquileres o se quedan callados cuando se les pregunta sobre el asunto. "No soy yo... ¡Es el mercado!" se convierte en una excusa perfecta para ignorar las críticas y seguir con la lógica del beneficio.
La pregunta es: ¿por qué no podemos usar un verbo de prestigio como la solidaridad o el cuidado, sino que nos quedamos con "malismo", una charca sin salida? Mauro Entrialgo tiene razón al decir que vivimos chapoteando en esa charca del malismo.
La solución requiere políticas colectivas y regulaciones. No podemos apelar a la ética y dejarlo todo a la buena voluntad de los propietarios. Es hora de dar un paso más allá y encontrar soluciones que aborden el problema de manera justa y ética.
La crisis habitacional en España es más que un problema económico, es una cuestión social. No se puede ignorar el sufrimiento e incertidumbre que genera esta situación. Es hora de hablar de responsabilidad individual, de conciencia moral y de políticas que beneficien a todos.
No podemos seguir diciendo "no soy yo... ¡Es el mercado!". Es hora de encontrar un nuevo enfoque, uno que nos permita vivir sin chapotear en la charca del malismo.