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Keir Starmer, líder del Partido Laborista británico, se encuentra atrincherado ante los rivales internos que aspiran al liderazgo del partido. La debilidad de Starmer en las encuestas y entre los miembros del partido convierte cualquier ventana electoral en una amenaza para su liderazgo.
El alcalde de Mánchester, Andy Burnham, es uno de los candidatos alternativos que están ganando popularidad entre los afiliados y votantes laboristas. Burnham ya disparó todas las alarmas en Downing Street con sus declaraciones sobre los mensajes de ánimo recibidos por los compañeros del partido.
El descontento entre muchos diputados laboristas por la ínfima popularidad de Starmer entre los votantes, los giros desconcertantes de Downing Street en sus políticas económicas y sociales, y la sombra de Nigel Farage han hecho cada vez más creíble la posibilidad de un desafío interno al liderazgo del primer ministro.
Los sondeos sugieren que Reform UK podría volver a dar en esa circunscripción una sorpresa similar a la que dio en Runcorn y Helsby, cuando también allí se celebró una elección parcial. La ultraderecha arrebató el escaño a un Partido Laborista que se hundió en un territorio donde siempre había dominado con facilidad.
Starmer está dispuesto a usar todos los resortes internos para impedir el ascenso de Burnham, aunque le lluevan las críticas por falta de juego limpio. La candidatura del alcalde de Mánchester debe ser aprobada por el Comité Nacional Ejecutivo del Partido Laborista.
En política hay amigos, enemigos y compañeros de partido, decía la famosa sentencia atribuida al histórico y astuto primer ministro italiano Giulio Andreotti. Starmer sabe que ha llegado la hora de los sables, y está dispuesto a actuar para frenar el ascenso de Burnham.
El Partido Laborista se encuentra en una situación incierta, con muchos diputados y afiliados descontentos con el liderazgo de Starmer. La elección parcial en la circunscripción de Gordon y Denton puede ser un pistoletazo de salida para una batalla interna en la izquierda británica.
La situación es compleja, con muchos factores en juego. Sin embargo, uno cosa está claro: Keir Starmer debe actuar rápidamente para frenar el ascenso de Burnham y asegurar su liderazgo dentro del Partido Laborista.
El alcalde de Mánchester, Andy Burnham, es uno de los candidatos alternativos que están ganando popularidad entre los afiliados y votantes laboristas. Burnham ya disparó todas las alarmas en Downing Street con sus declaraciones sobre los mensajes de ánimo recibidos por los compañeros del partido.
El descontento entre muchos diputados laboristas por la ínfima popularidad de Starmer entre los votantes, los giros desconcertantes de Downing Street en sus políticas económicas y sociales, y la sombra de Nigel Farage han hecho cada vez más creíble la posibilidad de un desafío interno al liderazgo del primer ministro.
Los sondeos sugieren que Reform UK podría volver a dar en esa circunscripción una sorpresa similar a la que dio en Runcorn y Helsby, cuando también allí se celebró una elección parcial. La ultraderecha arrebató el escaño a un Partido Laborista que se hundió en un territorio donde siempre había dominado con facilidad.
Starmer está dispuesto a usar todos los resortes internos para impedir el ascenso de Burnham, aunque le lluevan las críticas por falta de juego limpio. La candidatura del alcalde de Mánchester debe ser aprobada por el Comité Nacional Ejecutivo del Partido Laborista.
En política hay amigos, enemigos y compañeros de partido, decía la famosa sentencia atribuida al histórico y astuto primer ministro italiano Giulio Andreotti. Starmer sabe que ha llegado la hora de los sables, y está dispuesto a actuar para frenar el ascenso de Burnham.
El Partido Laborista se encuentra en una situación incierta, con muchos diputados y afiliados descontentos con el liderazgo de Starmer. La elección parcial en la circunscripción de Gordon y Denton puede ser un pistoletazo de salida para una batalla interna en la izquierda británica.
La situación es compleja, con muchos factores en juego. Sin embargo, uno cosa está claro: Keir Starmer debe actuar rápidamente para frenar el ascenso de Burnham y asegurar su liderazgo dentro del Partido Laborista.