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El toreo de Morante de la Puebla, figura central del mundo taurino, ha vuelto a sacudir el panorama. Después de una trayectoria marcada por imprevisibilidad y ruptura de expectativas, el torero de La Puebla ha anunciado su regreso a los ruedos, esta vez con la intención de reanudar su ciclo en Sevilla, plaza que marca un punto de partida simbólico en su carrera.
La noticia ha generado una mezcla de entusiasmo y desconcierto entre aficionados y profesionales. Morante no responde a los tiempos ni a los esquemas del sistema taurino. Se mueve por impulsos, por estados de ánimo y por una relación con el toreo que trasciende lo profesional para instalarse en lo casi espiritual.
Se le ha visto llegar y partir sin aviso previo, dejando al mundo del toro en estado de choque. Su retirada, anunciada recientemente, fue interpretada como la culminación de un periodo especialmente delicado en lo personal y profesional. Pero ahora, con su reaparición confirmada, las expectativas vuelven a elevarse.
La pregunta que se formula en los corrillos de aficionados y profesionales es si Morante regresará también a Albacete, plaza que había marcado un punto final en su carrera tras una ausencia marcada por problemas de salud. La Feria Taurina de Albacete estaba marcada con el nombre del torero, pero fue cancelada debido a su declive por enfermedades no relacionadas con el deporte.
La sorpresa de su retirada y la perplejidad de su regreso ya forman parte de la misma historia. Falta por saber si Albacete también escribirá un nuevo capítulo en ella. Morante ha vuelto, y cuando vuelve, todo el mapa taurino se reordena.
La figura de Morante es una de las más influyentes del mundo taurino, con un concepto único del toreo que ha ganado una dimensión casi mística para la afición. Su reaparición en Sevilla, plaza donde construyó muchas tardes memorables y donde su relación con el toro se instalaría en lo espiritual, tiene una carga simbólica.
La pregunta que sigue sin responder es si Morante regresará a Albacete también. Aunque nunca haya salido a hombros por la puerta grande de nuestra plaza, el aficionado lo espera con añoranza. La respuesta solo se dará con el anuncio oficial.
La noticia ha generado una mezcla de entusiasmo y desconcierto entre aficionados y profesionales. Morante no responde a los tiempos ni a los esquemas del sistema taurino. Se mueve por impulsos, por estados de ánimo y por una relación con el toreo que trasciende lo profesional para instalarse en lo casi espiritual.
Se le ha visto llegar y partir sin aviso previo, dejando al mundo del toro en estado de choque. Su retirada, anunciada recientemente, fue interpretada como la culminación de un periodo especialmente delicado en lo personal y profesional. Pero ahora, con su reaparición confirmada, las expectativas vuelven a elevarse.
La pregunta que se formula en los corrillos de aficionados y profesionales es si Morante regresará también a Albacete, plaza que había marcado un punto final en su carrera tras una ausencia marcada por problemas de salud. La Feria Taurina de Albacete estaba marcada con el nombre del torero, pero fue cancelada debido a su declive por enfermedades no relacionadas con el deporte.
La sorpresa de su retirada y la perplejidad de su regreso ya forman parte de la misma historia. Falta por saber si Albacete también escribirá un nuevo capítulo en ella. Morante ha vuelto, y cuando vuelve, todo el mapa taurino se reordena.
La figura de Morante es una de las más influyentes del mundo taurino, con un concepto único del toreo que ha ganado una dimensión casi mística para la afición. Su reaparición en Sevilla, plaza donde construyó muchas tardes memorables y donde su relación con el toro se instalaría en lo espiritual, tiene una carga simbólica.
La pregunta que sigue sin responder es si Morante regresará a Albacete también. Aunque nunca haya salido a hombros por la puerta grande de nuestra plaza, el aficionado lo espera con añoranza. La respuesta solo se dará con el anuncio oficial.