PensamientoDelSur
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"Sánchez no sería nadie sin las mujeres, pero ¿por qué se ha tardado tanto en proteger a sus compañeras de trabajo?"
La confesión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un recordatorio brusco de que la defensa de las mujeres no es solo una cuestión política, sino una necesidad vital para cualquier democracia. Pero ¿cómo explicar que el paladín de la igualdad de género haya tardado tanto en actuar contra el acoso machista de sus empleados?
El caso de Paco Salazar, el alto cargo del gabinete de presidencia que fue cesado por amparar comportamientos machistas, es un escándalo que ha sacudido las paredes de la Moncloa. Pero lo que realmente sorprende es la tardanza inicial de Sánchez en actuar contra Salazar y sus allegados.
¿Cómo explicar que el presidente del Gobierno haya aupado a hombres como Salazar y Ábalos, prototipos de la España más casposa? ¿Por qué las empleadas de la Moncloa, acosadas por Salazar, tuvieran que acudir al buzón de denuncias del partido?
La respuesta es clara: Sánchez ha estado mirando hacia otra parte. El secretario general del PSOE ha sido el paladín de medidas favorables a la igualdad de género y ha aprobado numerosos decretos y leyes en defensa de los derechos de las mujeres. Pero cuando se trata de proteger a sus compañeras de trabajo, se vuelve ciego.
La trascendencia del voto femenino para el PSOE es un hecho condenado a la historia. En las últimas elecciones, su voto volvió a ser decisivo. Pero ¿cómo explicar que Sánchez haya estado tanto tiempo mirando hacia otra parte mientras se producía el acoso en el despacho de al lado? ¿No se da cuenta de que sin el voto de las mujeres nunca hubiese llegado a ser Pedro Sánchez?
La defensa de las mujeres no es solo un tema más de la agenda política. Es una cuestión central en la tensión que tiene hoy lugar entre democracia y autoritarismo. La negativa a dar marcha atrás en la emancipación de la mujer es el barómetro de las concepciones políticas que están hoy en pugna en Occidente.
Sin esta defensa de las mujeres, Feijóo y Abascal llevarían tiempo en el poder. Sin las mujeres, Sánchez no sería nadie. La respuesta tardía que ha dado al caso Salazar ha empezado a perder la confianza de muchas. Incluso las de su partido.
La cuestión es clara: ¿cómo va a recuperar la confianza de sus empleadas y de sus partidarios si no se toman medidas efectivas para protegerlas? La respuesta solo se puede encontrar en la acción.
La confesión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un recordatorio brusco de que la defensa de las mujeres no es solo una cuestión política, sino una necesidad vital para cualquier democracia. Pero ¿cómo explicar que el paladín de la igualdad de género haya tardado tanto en actuar contra el acoso machista de sus empleados?
El caso de Paco Salazar, el alto cargo del gabinete de presidencia que fue cesado por amparar comportamientos machistas, es un escándalo que ha sacudido las paredes de la Moncloa. Pero lo que realmente sorprende es la tardanza inicial de Sánchez en actuar contra Salazar y sus allegados.
¿Cómo explicar que el presidente del Gobierno haya aupado a hombres como Salazar y Ábalos, prototipos de la España más casposa? ¿Por qué las empleadas de la Moncloa, acosadas por Salazar, tuvieran que acudir al buzón de denuncias del partido?
La respuesta es clara: Sánchez ha estado mirando hacia otra parte. El secretario general del PSOE ha sido el paladín de medidas favorables a la igualdad de género y ha aprobado numerosos decretos y leyes en defensa de los derechos de las mujeres. Pero cuando se trata de proteger a sus compañeras de trabajo, se vuelve ciego.
La trascendencia del voto femenino para el PSOE es un hecho condenado a la historia. En las últimas elecciones, su voto volvió a ser decisivo. Pero ¿cómo explicar que Sánchez haya estado tanto tiempo mirando hacia otra parte mientras se producía el acoso en el despacho de al lado? ¿No se da cuenta de que sin el voto de las mujeres nunca hubiese llegado a ser Pedro Sánchez?
La defensa de las mujeres no es solo un tema más de la agenda política. Es una cuestión central en la tensión que tiene hoy lugar entre democracia y autoritarismo. La negativa a dar marcha atrás en la emancipación de la mujer es el barómetro de las concepciones políticas que están hoy en pugna en Occidente.
Sin esta defensa de las mujeres, Feijóo y Abascal llevarían tiempo en el poder. Sin las mujeres, Sánchez no sería nadie. La respuesta tardía que ha dado al caso Salazar ha empezado a perder la confianza de muchas. Incluso las de su partido.
La cuestión es clara: ¿cómo va a recuperar la confianza de sus empleadas y de sus partidarios si no se toman medidas efectivas para protegerlas? La respuesta solo se puede encontrar en la acción.