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Una periodista se convierte en víctima del sistema de reclutamiento de ICE sin identidad.
Una joven reportera, identificada solo como Laura Jedeed, se dirigió a una feria de empleo para buscar nuevas oportunidades. Al llegar, se sentó frente a un reclutador y respondió a preguntas básicas sobre su vida personal y profesional. La entrevista fue breve, casi cincuenta segundos, y no hubo ninguna filtración ideológica ni verificación de antecedentes.
Sin embargo, la sorpresa llegó cuando recibió un correo electrónico con una oferta provisional de trabajo. A pesar de que nunca había consumido drogas ilegales, recibió una invitación para realizar un test de drogas, alegando que era necesario debido a las leyes federales. Laura se sometió al test, pero su respuesta fue la misma: no hizo nada incorrecto.
Días después, el sistema administrativo la consideró contratada, con fecha de incorporación incluida. Pero lo más inquietante es que nadie sabía cómo era posible. El sistema no tenía registro de su identificación ni verificación de antecedentes, lo que plantea preguntas sobre la seguridad y transparencia del proceso de reclutamiento.
Este caso muestra cuán vulnerable puede ser un ciudadano para una agencia gubernamental como ICE, especialmente si se ignora o se evade a las leyes de identidad y seguridad. A pesar de que Laura nunca reveló su identidad, el resultado fue el mismo: una joven reportera que perdió su privacidad y su libertad.
En un momento en que la atención está centrada en casos como el de Renée Good o Alex Pretti, este caso es un recordatorio de cómo la inseguridad y la falta de transparencia pueden afectar a cualquier persona, independientemente del color de su piel o sus creencias políticas. Es hora de que los funcionarios gubernamentales y las agencias de seguridad tomen medidas para garantizar que estos casos no vuelvan a suceder.
Una joven reportera, identificada solo como Laura Jedeed, se dirigió a una feria de empleo para buscar nuevas oportunidades. Al llegar, se sentó frente a un reclutador y respondió a preguntas básicas sobre su vida personal y profesional. La entrevista fue breve, casi cincuenta segundos, y no hubo ninguna filtración ideológica ni verificación de antecedentes.
Sin embargo, la sorpresa llegó cuando recibió un correo electrónico con una oferta provisional de trabajo. A pesar de que nunca había consumido drogas ilegales, recibió una invitación para realizar un test de drogas, alegando que era necesario debido a las leyes federales. Laura se sometió al test, pero su respuesta fue la misma: no hizo nada incorrecto.
Días después, el sistema administrativo la consideró contratada, con fecha de incorporación incluida. Pero lo más inquietante es que nadie sabía cómo era posible. El sistema no tenía registro de su identificación ni verificación de antecedentes, lo que plantea preguntas sobre la seguridad y transparencia del proceso de reclutamiento.
Este caso muestra cuán vulnerable puede ser un ciudadano para una agencia gubernamental como ICE, especialmente si se ignora o se evade a las leyes de identidad y seguridad. A pesar de que Laura nunca reveló su identidad, el resultado fue el mismo: una joven reportera que perdió su privacidad y su libertad.
En un momento en que la atención está centrada en casos como el de Renée Good o Alex Pretti, este caso es un recordatorio de cómo la inseguridad y la falta de transparencia pueden afectar a cualquier persona, independientemente del color de su piel o sus creencias políticas. Es hora de que los funcionarios gubernamentales y las agencias de seguridad tomen medidas para garantizar que estos casos no vuelvan a suceder.