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Fue en 1993 cuando Eugenio Fuentes inició la serie protagonizada por Ricardo Cupido, un movimiento que ha logrado demostrar desde entonces la existencia de un lugar para una apuesta de largo alcance dentro del género. Aunque algunas críticas sostienen que el género de ficción criminal no llega a ciertos criterios de calidad, Fuentes argumenta que esto es cuestión de buenas y malas novelas.
Ricardo Cupido es un personaje único y complejo, un detective con una mirada penetrante. Aunque a veces puede carecer de respuestas claras, esto supone mucho en un género que se dedica demasiadas veces a copiar. Lo encontramos en la décima entrega de la serie, "Wendy", donde vive con Senda, la mujer que le ha dado cierta paz y lo conecta directamente con el escenario de una entrega anterior.
En esta novela, Cupido está padeciendo un giro impredecible como padre de gemelos. Sin embargo, él no sabe hacer otra cosa. En este momento, reconoce que "no sabría ganarme la vida de otra manera". Es un tipo dado a la introspección, muy conocedor de sus debilidades y fortalezas.
"Wendy" es un ejemplo notable de las virtudes de la obra de Fuentes. El autor extremeño se lo toma con calma. Las primeras páginas tratan un caso sencillo, uno de calentamiento, que sirve para conocer el ambiente y algunos personajes secundarios. La trama se desarrolla a un ritmo confiable, sin exageraciones ni saltos sorprendentes.
En esta novela, Fuentes construye un mundo en el que el lector se sumerge. Sabemos qué va a investigar el héroe: un caso de chantaje sexual que implica a un famoso futbolista y a Wendy, una chica que creció en Breda antes de ir a buscar fortuna a Madrid.
Un aviso a los recién llegados es que no traten de situar Breda. Se trata de un territorio ficticio muy real, ubicado en algún punto de Extremadura, con cambio climático, inestabilidad política y corrupción. Fuentes trata el escenario y a sus pobladores como si fuera real, lo que ha ido cogiendo cariño a algunos.
Un gran secundario es el Alkalino, un minero retirado que mantiene su vida monacal para mantener sus demonios a raya. Suya es la visión del hombre cotidiano, llena de sabiduría y sencillez. Ayuda a Cupido en muchos sentidos.
Fuentes ha demostrado con esta serie que existe un lugar para una apuesta de largo alcance dentro del género de ficción criminal. La solvencia de su trabajo se demuestra en la forma en que construye una trama orgánica y sólida, sin exageraciones ni salto sorprendentes. Los miedos que desata la paternidad, la impotencia, pero también esa inconmensurable felicidad están muy bien expresados.
La vida de Cupido ha cambiado para siempre y eso desata la curiosidad entre los lectores que lo siguen desde hace años, pero seguro que suma adeptos a la serie también. ¿Quién no querrá saber qué le depara el destino a un hombre íntegro pero falible, a un personaje tan humano y querido?
Ricardo Cupido es un personaje único y complejo, un detective con una mirada penetrante. Aunque a veces puede carecer de respuestas claras, esto supone mucho en un género que se dedica demasiadas veces a copiar. Lo encontramos en la décima entrega de la serie, "Wendy", donde vive con Senda, la mujer que le ha dado cierta paz y lo conecta directamente con el escenario de una entrega anterior.
En esta novela, Cupido está padeciendo un giro impredecible como padre de gemelos. Sin embargo, él no sabe hacer otra cosa. En este momento, reconoce que "no sabría ganarme la vida de otra manera". Es un tipo dado a la introspección, muy conocedor de sus debilidades y fortalezas.
"Wendy" es un ejemplo notable de las virtudes de la obra de Fuentes. El autor extremeño se lo toma con calma. Las primeras páginas tratan un caso sencillo, uno de calentamiento, que sirve para conocer el ambiente y algunos personajes secundarios. La trama se desarrolla a un ritmo confiable, sin exageraciones ni saltos sorprendentes.
En esta novela, Fuentes construye un mundo en el que el lector se sumerge. Sabemos qué va a investigar el héroe: un caso de chantaje sexual que implica a un famoso futbolista y a Wendy, una chica que creció en Breda antes de ir a buscar fortuna a Madrid.
Un aviso a los recién llegados es que no traten de situar Breda. Se trata de un territorio ficticio muy real, ubicado en algún punto de Extremadura, con cambio climático, inestabilidad política y corrupción. Fuentes trata el escenario y a sus pobladores como si fuera real, lo que ha ido cogiendo cariño a algunos.
Un gran secundario es el Alkalino, un minero retirado que mantiene su vida monacal para mantener sus demonios a raya. Suya es la visión del hombre cotidiano, llena de sabiduría y sencillez. Ayuda a Cupido en muchos sentidos.
Fuentes ha demostrado con esta serie que existe un lugar para una apuesta de largo alcance dentro del género de ficción criminal. La solvencia de su trabajo se demuestra en la forma en que construye una trama orgánica y sólida, sin exageraciones ni salto sorprendentes. Los miedos que desata la paternidad, la impotencia, pero también esa inconmensurable felicidad están muy bien expresados.
La vida de Cupido ha cambiado para siempre y eso desata la curiosidad entre los lectores que lo siguen desde hace años, pero seguro que suma adeptos a la serie también. ¿Quién no querrá saber qué le depara el destino a un hombre íntegro pero falible, a un personaje tan humano y querido?