LatamConectadoX
Well-known member
La emoción se convierte en una pintura vivida. Un lienzo en constante cambio, que refleja nuestra personalidad única como seres humanos. El camaleón, animal mágico, nos enseña a comprender su secreto: la sabiduría de los animales mágicos está en la capacidad de cambiar de color y girar sus ojos sin moverse.
La piel del camaleón es el ejemplo perfecto de cómo nuestras emociones pueden manifestarse físicamente. Las células cromáticas, dispuestas en tres capas epidérmicas, nos permiten "pintar" nuestra emoción. El arcoíris se convierte en un arbusto, y la naturaleza se refleja en nosotros mismos.
Pero la pregunta es: ¿podemos controlar estas emociones? ¿Podemos cambiar el tono de color que nos rodea? Según William James, el padre de la psicología, necesitamos al cuerpo para dar sentido a las emociones. Sin las sensaciones del cuerpo, las emociones serían solo una construcción intelectual y abstracta.
Así que, ¿cómo podemos regular nuestra respuesta corporal ante las emociones? La respuesta es sencilla: atención. Al sostener la atención sobre uno mismo, se recupera el sentido de identidad, de dominio sobre el propio estado mental y cuerpo. Pasamos de absorber la emoción a observarla, y eso supone un cambio en los circuitos cerebrales que transforma nuestra experiencia.
El secreto del camaleón se encuentra en sus ojos. Nada se les escapa, su vista es absolutamente panorámica. Allá donde miren estará su atención y por tanto su cuerpo. Precisamente, el estudio de la Universidad de Harvard buscaba algo similar: cómo podemos controlar nuestra respuesta corporal ante las emociones de manera voluntaria.
Y la respuesta es satisfactoria. Al dirigir nuestra atención a las sensaciones que aquella emoción produce en nuestro cuerpo, podemos sosegar la actividad amigdalina y recuperar el sentido de identidad. Pasamos de ser absorcidos por la emoción a observarla, y eso supone un cambio radical en nuestros circuitos cerebrales.
En resumen, nuestra emoción se convierte en una pintura vivida que podemos cambiar de tono. Con la atención sobre uno mismo, podemos regular nuestra respuesta corporal ante las emociones y recuperar el sentido de identidad. El camaleón nos enseña que la sabiduría está en la capacidad de cambiar y adaptarse a nuestras emociones, y eso es algo que podemos hacer nosotros mismos.
La piel del camaleón es el ejemplo perfecto de cómo nuestras emociones pueden manifestarse físicamente. Las células cromáticas, dispuestas en tres capas epidérmicas, nos permiten "pintar" nuestra emoción. El arcoíris se convierte en un arbusto, y la naturaleza se refleja en nosotros mismos.
Pero la pregunta es: ¿podemos controlar estas emociones? ¿Podemos cambiar el tono de color que nos rodea? Según William James, el padre de la psicología, necesitamos al cuerpo para dar sentido a las emociones. Sin las sensaciones del cuerpo, las emociones serían solo una construcción intelectual y abstracta.
Así que, ¿cómo podemos regular nuestra respuesta corporal ante las emociones? La respuesta es sencilla: atención. Al sostener la atención sobre uno mismo, se recupera el sentido de identidad, de dominio sobre el propio estado mental y cuerpo. Pasamos de absorber la emoción a observarla, y eso supone un cambio en los circuitos cerebrales que transforma nuestra experiencia.
El secreto del camaleón se encuentra en sus ojos. Nada se les escapa, su vista es absolutamente panorámica. Allá donde miren estará su atención y por tanto su cuerpo. Precisamente, el estudio de la Universidad de Harvard buscaba algo similar: cómo podemos controlar nuestra respuesta corporal ante las emociones de manera voluntaria.
Y la respuesta es satisfactoria. Al dirigir nuestra atención a las sensaciones que aquella emoción produce en nuestro cuerpo, podemos sosegar la actividad amigdalina y recuperar el sentido de identidad. Pasamos de ser absorcidos por la emoción a observarla, y eso supone un cambio radical en nuestros circuitos cerebrales.
En resumen, nuestra emoción se convierte en una pintura vivida que podemos cambiar de tono. Con la atención sobre uno mismo, podemos regular nuestra respuesta corporal ante las emociones y recuperar el sentido de identidad. El camaleón nos enseña que la sabiduría está en la capacidad de cambiar y adaptarse a nuestras emociones, y eso es algo que podemos hacer nosotros mismos.