Un acto de desafío en el Parlamento europeo: ¿es un paso hacia la recuperación o solo una táctica defensiva?
El debate sobre el futuro de la política exterior de la Unión Europea ha vuelto a sacudir las bases del tejido institucional. El acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE, que había estado pendiente de tramitación en el Parlamento europeo, ha sido suspendido de manera repentina. La decisión, según fuentes cercanas al proceso, se debe a la imposición de nuevos aranceles por parte de Washington hacia algunos Estados miembros de la UE que han mostrado firmeza en sus posiciones ante la anexión de Groenlandia por parte de EEUU.
La interpretación es clara: el Parlamento europeo está tratando de enviar un mensaje a los líderes de la OTAN, especialmente al ejecutivo estadounidense. La decisión puede verse como una táctica defensiva, un intento por parte de la UE de recuperar terreno en medio de una crisis geopolítica que se ha descontrolado.
Pero ¿qué respuestas de la Comisión Europea? A pesar de su presencia en el centro del escenario, la institución sigue demostrando una actitud débil y desunida. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, parece incapaz de impulsar al Parlamento a activar el artículo 42,7 del Tratado de la Unión Europea, una cláusula de defensa mutua y respuesta conjunta que requiere unanimidad. Y en su lugar, se escuchan solo las voces de los lacayos, como Mark Rutte, el líder de la OTAN de Trump.
La situación es critica, pero no parece haber una estrategia clara para abordarla. Los líderes europeos parecen divididos y atemorizados ante la amenaza que representa Estados Unidos en la escena global. La UE sigue demostrando ser inútil como actor en los asuntos de seguridad internacional, incapaz de defender sus intereses de manera efectiva.
¿Qué será el resultado de esta táctica defensiva? Solo el tiempo lo dirá. Lo seguro es que la situación continúa empeorando, y que la UE necesitará ser más audaz y decidida para recuperar su papel en la política global.
El debate sobre el futuro de la política exterior de la Unión Europea ha vuelto a sacudir las bases del tejido institucional. El acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE, que había estado pendiente de tramitación en el Parlamento europeo, ha sido suspendido de manera repentina. La decisión, según fuentes cercanas al proceso, se debe a la imposición de nuevos aranceles por parte de Washington hacia algunos Estados miembros de la UE que han mostrado firmeza en sus posiciones ante la anexión de Groenlandia por parte de EEUU.
La interpretación es clara: el Parlamento europeo está tratando de enviar un mensaje a los líderes de la OTAN, especialmente al ejecutivo estadounidense. La decisión puede verse como una táctica defensiva, un intento por parte de la UE de recuperar terreno en medio de una crisis geopolítica que se ha descontrolado.
Pero ¿qué respuestas de la Comisión Europea? A pesar de su presencia en el centro del escenario, la institución sigue demostrando una actitud débil y desunida. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, parece incapaz de impulsar al Parlamento a activar el artículo 42,7 del Tratado de la Unión Europea, una cláusula de defensa mutua y respuesta conjunta que requiere unanimidad. Y en su lugar, se escuchan solo las voces de los lacayos, como Mark Rutte, el líder de la OTAN de Trump.
La situación es critica, pero no parece haber una estrategia clara para abordarla. Los líderes europeos parecen divididos y atemorizados ante la amenaza que representa Estados Unidos en la escena global. La UE sigue demostrando ser inútil como actor en los asuntos de seguridad internacional, incapaz de defender sus intereses de manera efectiva.
¿Qué será el resultado de esta táctica defensiva? Solo el tiempo lo dirá. Lo seguro es que la situación continúa empeorando, y que la UE necesitará ser más audaz y decidida para recuperar su papel en la política global.