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En el mundo de las letras latinas, una pequeña marca puede hacer gran diferencia. La "ñ" suele escribirse con un rasguño (rayita) o "ondulada", pero ¿por qué?
La verdad es que la letra "ñ" no formaba parte del alfabeto latino clásico y tampoco el sonido palatal que hoy representa en muchos idiomas romances. Cada idioma lo resolvió a su manera, como el italiano con gn, el portugués con nh o el catalán con ny. En castellano medieval, se empezó a notar la "ñ" con doble n (nn), lo que dio lugar a palabras como "anno" y "donna".
Pero ¿por qué esa pequeña marca se trazaba sobre la primera letra? Fue un gesto de abreviatura que surgió en los copistas medievales, que para ahorrar pergamino y tiempo, simplificaban la escritura. Esa marca se trazaba con un movimiento continuo y cursivo, como una n diminuta estirada que se ponía sobre la otra.
Con el tiempo, esa abreviatura dejó de leerse como una segunda letra y pasó a entenderse como un signo propio, por lo que la "virgulilla" (el nombre que recibe esa rayita ondulada sobre la ñ) conserva aún hoy ese trazo ligeramente curvo. En realidad, la virgulilla no es un rasguño en sí misma, sino una marca que evocaba la escritura manuscrita y favorecía la legibilidad.
Etimológicamente, el término "virgulilla" proviene del latín "virgula", diminutivo de "virga" (vara, ramita), y se reforzó en español con el sufijo "-illa". Hoy, en paleografía, el término pasa a designar no solo la abreviatura, sino también la ondulación que coronaba la ñ.
La verdad es que la letra "ñ" no formaba parte del alfabeto latino clásico y tampoco el sonido palatal que hoy representa en muchos idiomas romances. Cada idioma lo resolvió a su manera, como el italiano con gn, el portugués con nh o el catalán con ny. En castellano medieval, se empezó a notar la "ñ" con doble n (nn), lo que dio lugar a palabras como "anno" y "donna".
Pero ¿por qué esa pequeña marca se trazaba sobre la primera letra? Fue un gesto de abreviatura que surgió en los copistas medievales, que para ahorrar pergamino y tiempo, simplificaban la escritura. Esa marca se trazaba con un movimiento continuo y cursivo, como una n diminuta estirada que se ponía sobre la otra.
Con el tiempo, esa abreviatura dejó de leerse como una segunda letra y pasó a entenderse como un signo propio, por lo que la "virgulilla" (el nombre que recibe esa rayita ondulada sobre la ñ) conserva aún hoy ese trazo ligeramente curvo. En realidad, la virgulilla no es un rasguño en sí misma, sino una marca que evocaba la escritura manuscrita y favorecía la legibilidad.
Etimológicamente, el término "virgulilla" proviene del latín "virgula", diminutivo de "virga" (vara, ramita), y se reforzó en español con el sufijo "-illa". Hoy, en paleografía, el término pasa a designar no solo la abreviatura, sino también la ondulación que coronaba la ñ.