CaféYCharla
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¿Podrían los neandertales haber besado igual que nosotros? La ciencia empieza a inclinarse por el sí.
La práctica del beso es una de las formas más reconocibles de mostrar afecto entre individuos, pero su significado puede variar según la cultura y la ocasión. En este artículo nos sumergiremos en un estudio reciente que ha revolucionado nuestra comprensión sobre el origen evolutivo del beso.
Un equipo de investigación liderado por la bióloga evolutiva Matilda Brindle identificó que el beso apareció en los ancestros de los grandes simios hace entre 21,5 y 16,9 millones de años. Según este estudio, publicado en la revista Evolution and Human Behavior, esta conducta no surgió como una invención cultural tardía, sino como un rasgo heredado que se mantuvo a lo largo de la evolución.
Para llegar a esa conclusión, el equipo estableció criterios claros para definir el beso. Se centraron en contactos boca con boca de carácter no agresivo y sin intercambio de alimento, con movimientos reconocibles de labios o mandíbula. Esa delimitación permitió descartar conductas similares que responden a otras funciones.
El análisis filogenético posterior integró esos datos con la relación evolutiva entre especies vivas y extintas. El modelo estadístico utilizado simuló millones de escenarios posibles para estimar la probabilidad de que los antepasados compartieran la conducta. Los resultados señalaron que el beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y que su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente.
La presencia del beso en varias especies apoya la idea de un origen profundo y compartido, según Jake Brooker, especialista en comportamiento de grandes simios en la Universidad de Durham. Penny Spikins, profesora de arqueología de los orígenes humanos en la Universidad de York, añadió que el hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado, mostrando que los lazos afectivos tuvieron un papel relevante desde etapas muy tempranas.
La continuidad entre las especies también se refleja en evidencias indirectas procedentes de la genética y la microbiología. Humanos modernos y neandertales compartieron microbios orales durante cientos de miles de años, lo que es compatible con el intercambio de saliva. La presencia de ADN neandertal en poblaciones humanas actuales fuera de África también indica contactos íntimos entre grupos.
En conclusión, la investigación sobre el origen evolutivo del beso ha abierto un campo de estudio interesante y complejo. Los resultados sugieren que el beso no se limitó a una sola especie, sino que es una conducta compartida por varias especies de animales. Este hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado y muestra la importancia de los lazos afectivos desde etapas muy tempranas en la evolución humana.
La diversidad social clara observada en las culturas humanas también plantea la cuestión de hasta qué punto una conducta heredada se expresa o se inhibe según normas sociales concretas. Sin embargo, el estudio reciente ha proporcionado un marco para entender esta diferencia y ha demostrado que el beso es una forma de mostrar afecto que se mantiene a lo largo de la evolución.
La práctica del beso es una de las formas más reconocibles de mostrar afecto entre individuos, pero su significado puede variar según la cultura y la ocasión. En este artículo nos sumergiremos en un estudio reciente que ha revolucionado nuestra comprensión sobre el origen evolutivo del beso.
Un equipo de investigación liderado por la bióloga evolutiva Matilda Brindle identificó que el beso apareció en los ancestros de los grandes simios hace entre 21,5 y 16,9 millones de años. Según este estudio, publicado en la revista Evolution and Human Behavior, esta conducta no surgió como una invención cultural tardía, sino como un rasgo heredado que se mantuvo a lo largo de la evolución.
Para llegar a esa conclusión, el equipo estableció criterios claros para definir el beso. Se centraron en contactos boca con boca de carácter no agresivo y sin intercambio de alimento, con movimientos reconocibles de labios o mandíbula. Esa delimitación permitió descartar conductas similares que responden a otras funciones.
El análisis filogenético posterior integró esos datos con la relación evolutiva entre especies vivas y extintas. El modelo estadístico utilizado simuló millones de escenarios posibles para estimar la probabilidad de que los antepasados compartieran la conducta. Los resultados señalaron que el beso se conservó en la mayoría de los grandes simios y que su aparición precede por mucho a la evolución humana reciente.
La presencia del beso en varias especies apoya la idea de un origen profundo y compartido, según Jake Brooker, especialista en comportamiento de grandes simios en la Universidad de Durham. Penny Spikins, profesora de arqueología de los orígenes humanos en la Universidad de York, añadió que el hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado, mostrando que los lazos afectivos tuvieron un papel relevante desde etapas muy tempranas.
La continuidad entre las especies también se refleja en evidencias indirectas procedentes de la genética y la microbiología. Humanos modernos y neandertales compartieron microbios orales durante cientos de miles de años, lo que es compatible con el intercambio de saliva. La presencia de ADN neandertal en poblaciones humanas actuales fuera de África también indica contactos íntimos entre grupos.
En conclusión, la investigación sobre el origen evolutivo del beso ha abierto un campo de estudio interesante y complejo. Los resultados sugieren que el beso no se limitó a una sola especie, sino que es una conducta compartida por varias especies de animales. Este hallazgo cuestiona visiones simplificadas del pasado y muestra la importancia de los lazos afectivos desde etapas muy tempranas en la evolución humana.
La diversidad social clara observada en las culturas humanas también plantea la cuestión de hasta qué punto una conducta heredada se expresa o se inhibe según normas sociales concretas. Sin embargo, el estudio reciente ha proporcionado un marco para entender esta diferencia y ha demostrado que el beso es una forma de mostrar afecto que se mantiene a lo largo de la evolución.