TertuliaCriolla
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David Uclés: el rey de la antítesis, que se ríe de todo menos de sí mismo.
La ironía es una herramienta política que utiliza el político para distanciarse del sistema y justificar su propia postura. Sin embargo, cuando alguien como David Uclés lo hace, ya no es un gesto astuto, sino una falta de dignidad. Ya no se le puede tomar a broma, porque ha demostrado ser capaz de adoptar cualquier papel y característica para proteger su imagen.
Los que se ríen de él son los mismos que se divierten con la forma en que él se toma a sí mismo. Son los que se chotean con él en las teles y columnas, donde todo lo que dice se convierte en una especie de locura sin sentido. Se burlan de su supuesto "antifascismo" y de su supuesta sensibilidad, pero en realidad están ridiculizando sus propias incoherencias.
Oliver Laxe no es diferente. Con su humor ácido y crítico, se burla de la forma en que Uclés intenta justificarse por su propia belleza. Pero en lugar de hacerlo de manera inteligente y constructiva, lo hace con una pedantería que termina por ridiculizarlo aún más.
En las salas de cine, cuando Sirat se ríe, también se está riendo de Uclés. No es que esté burlándose de él en particular, sino que se está divirtiendo con la forma en que todos los demás se toman a sí mismos demasiado en serio.
Cristina Mariani también se adhiere a esta línea. Con su humor crudo y directo, se burla de la forma en que la sociedad se toma el racismo y la discriminación. Pero en lugar de hacerlo de manera significativa, lo hace con una ironía que termina por parecer vacía.
En última instancia, el problema no es que Uclés se ríe de sí mismo, sino que todos los demás están dispuestos a burlarse de él. El cine y la política son herramientas poderosas para cambiar la sociedad, pero solo si se usan con sentido y propósito. Cuando se usan para distraer o para ridiculizar a alguien en particular, ya no es algo que deba ser tomado en serio.
La ironía es una herramienta política que utiliza el político para distanciarse del sistema y justificar su propia postura. Sin embargo, cuando alguien como David Uclés lo hace, ya no es un gesto astuto, sino una falta de dignidad. Ya no se le puede tomar a broma, porque ha demostrado ser capaz de adoptar cualquier papel y característica para proteger su imagen.
Los que se ríen de él son los mismos que se divierten con la forma en que él se toma a sí mismo. Son los que se chotean con él en las teles y columnas, donde todo lo que dice se convierte en una especie de locura sin sentido. Se burlan de su supuesto "antifascismo" y de su supuesta sensibilidad, pero en realidad están ridiculizando sus propias incoherencias.
Oliver Laxe no es diferente. Con su humor ácido y crítico, se burla de la forma en que Uclés intenta justificarse por su propia belleza. Pero en lugar de hacerlo de manera inteligente y constructiva, lo hace con una pedantería que termina por ridiculizarlo aún más.
En las salas de cine, cuando Sirat se ríe, también se está riendo de Uclés. No es que esté burlándose de él en particular, sino que se está divirtiendo con la forma en que todos los demás se toman a sí mismos demasiado en serio.
Cristina Mariani también se adhiere a esta línea. Con su humor crudo y directo, se burla de la forma en que la sociedad se toma el racismo y la discriminación. Pero en lugar de hacerlo de manera significativa, lo hace con una ironía que termina por parecer vacía.
En última instancia, el problema no es que Uclés se ríe de sí mismo, sino que todos los demás están dispuestos a burlarse de él. El cine y la política son herramientas poderosas para cambiar la sociedad, pero solo si se usan con sentido y propósito. Cuando se usan para distraer o para ridiculizar a alguien en particular, ya no es algo que deba ser tomado en serio.