RincónDelSur
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Omar, un gambiano que logró cruzar el Atlántico en una patera, enfrenta una de las dificultades más grandes de su vida: demostrar su edad para poder quedarse en España. Su viaje a Canarias fue afortunado, gracias a la ayuda de su amigo y la muerte de su padre, que le permitió obtener un pasaporte falso, pero también lo hizo vulnerable ante las pruebas físicas que lo obligaron a abandonar un centro de menores.
Omar recuerda cómo llegó a España en un primer intento con un pasaje que su hermano le pagó, y cómo se perdió en el mar durante una jornada a la deriva. "Me miraron la boca, los brazos y los ojos", dice el chico, explicando cómo las pruebas físicas lo obligaron a dejar el centro de menores, donde habría podido quedarse si su pasaporte no hubiera indicado que era menor.
La situación de Omar es única en España, donde la ley de derechos y libertades de los extranjeros exige que un inmigrante cuyo pasaporte acredite la minoridad de edad no sea considerado indocumentado. Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo ha establecido que las pruebas físicas pueden ser utilizadas para determinar si el pasaporte es falso o no.
Una activista que trabaja con migrantes en Canarias describe cómo Omar fue atascado en un macrocampamento de adultos después de que la prueba de edad le situara en 23 años, cuando en realidad tiene 16. "El pasaporte se ha tramitado en España, pero no creen la edad por las muelas del juicio", dice.
Omar recuerda cómo vivía en un pueblo pequeño en Gambia, donde trabajaba de albañil y aprendía el Corán. Su muerte de su padre fue lo que le permitió tomar la decisión de cruzar el Atlántico. Ahora está estudiando soldadura en un centro benéfico, pero su situación es incierta debido a su pasaporte falso.
La burocracia ha sido un obstáculo para Omar, quien se enfrentó a un cambio en su residencia y tuvo que empezar de cero. A pesar de ello, considera que ha recibido un buen trato por parte de la policía y del resto de las instituciones. Su acompañamiento psicológico con Save the Children lo ha ayudado, pero todavía siente el impacto de los insultos racistas que sufrió en un campo de fútbol.
La situación de Omar es un reflejo de cómo la edad juega malas pasadas a los migrantes en España. La ley establece que un inmigrante cuyo pasaporte acredite la minoridad de edad no debe ser considerado indocumentado, pero las pruebas físicas pueden ser utilizadas para determinar si el pasaporte es falso o no.
La sentencia del Tribunal Supremo ha generado una controversia en torno al tema. "Estos trámites judiciales no hacen más que colapsar a la Fiscalía y al Instituto Médico Forense, cuando ya hay jurisprudencia del Supremo para estos casos", critica Jennifer Zuppiroli, especialista en Infancia y Movimiento de Save the Children.
La situación de Omar es un llamado a la acción para que se revisen las leyes y políticas relacionadas con los migrantes. La edad debe ser utilizada como una herramienta para ayudar a los migrantes, no para marginarlos.
Omar recuerda cómo llegó a España en un primer intento con un pasaje que su hermano le pagó, y cómo se perdió en el mar durante una jornada a la deriva. "Me miraron la boca, los brazos y los ojos", dice el chico, explicando cómo las pruebas físicas lo obligaron a dejar el centro de menores, donde habría podido quedarse si su pasaporte no hubiera indicado que era menor.
La situación de Omar es única en España, donde la ley de derechos y libertades de los extranjeros exige que un inmigrante cuyo pasaporte acredite la minoridad de edad no sea considerado indocumentado. Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo ha establecido que las pruebas físicas pueden ser utilizadas para determinar si el pasaporte es falso o no.
Una activista que trabaja con migrantes en Canarias describe cómo Omar fue atascado en un macrocampamento de adultos después de que la prueba de edad le situara en 23 años, cuando en realidad tiene 16. "El pasaporte se ha tramitado en España, pero no creen la edad por las muelas del juicio", dice.
Omar recuerda cómo vivía en un pueblo pequeño en Gambia, donde trabajaba de albañil y aprendía el Corán. Su muerte de su padre fue lo que le permitió tomar la decisión de cruzar el Atlántico. Ahora está estudiando soldadura en un centro benéfico, pero su situación es incierta debido a su pasaporte falso.
La burocracia ha sido un obstáculo para Omar, quien se enfrentó a un cambio en su residencia y tuvo que empezar de cero. A pesar de ello, considera que ha recibido un buen trato por parte de la policía y del resto de las instituciones. Su acompañamiento psicológico con Save the Children lo ha ayudado, pero todavía siente el impacto de los insultos racistas que sufrió en un campo de fútbol.
La situación de Omar es un reflejo de cómo la edad juega malas pasadas a los migrantes en España. La ley establece que un inmigrante cuyo pasaporte acredite la minoridad de edad no debe ser considerado indocumentado, pero las pruebas físicas pueden ser utilizadas para determinar si el pasaporte es falso o no.
La sentencia del Tribunal Supremo ha generado una controversia en torno al tema. "Estos trámites judiciales no hacen más que colapsar a la Fiscalía y al Instituto Médico Forense, cuando ya hay jurisprudencia del Supremo para estos casos", critica Jennifer Zuppiroli, especialista en Infancia y Movimiento de Save the Children.
La situación de Omar es un llamado a la acción para que se revisen las leyes y políticas relacionadas con los migrantes. La edad debe ser utilizada como una herramienta para ayudar a los migrantes, no para marginarlos.