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Noelia Tomé, una joven pastelera de 33 años, logró redefinir su negocio gracias a un cambio radical. Tras alcanzar la cima con hasta 15 trabajadores en su cafetería-pastelería, decidió recurrir a un modelo más pequeño y flexible.
El punto de inflexión fue la pandemia del Covid-19, que la llevó a replantearse su negocio. Abandonó el modelo tradicional y apostó por una estructura más pequeña, alineada con su estilo de vida. Con solo 24 años, fundó Noelia Bakery en Viladecans.
El crecimiento fue rápido y el éxito fue inmediato, pero también implicó la necesidad de contratar a más personas para manejar la demanda. Durante este proceso, el uso de las redes sociales se convirtió en una herramienta clave para dar visibilidad al negocio. La pastelería creció tanto que llegó a contar con seis personas trabajando de forma estable.
Sin embargo, la llegada del Covid-19 cambió todo. El negocio se adaptó a los pedidos online y a la venta de desayunos a domicilio con productos artesanales, lo que resultó en un aumento significativo de trabajo. Aunque inicialmente esto parecía una oportunidad, finalmente terminó siendo un gran desafío.
La decisión de abrir un nuevo espacio también fue un error. El negocio se volvió demasiado grande y Noelia no podía controlar todo al mismo tiempo. Los costes de personal y materia prima absorbían casi todo lo ingresado, lo que significaba que el beneficio era muy limitado.
Con la experiencia acumulada, Noelia decidió traspasar su negocio y rediseñarlo completamente. La clave fue adaptarse a las redes sociales y utilizarlas para crear contenido y construir una comunidad propia. Ahora, la pastelera se enfoca en las tartas personalizadas y recetas originales.
Gracias a este cambio, Noelia logró un negocio más controlado, rentable y compatible con su bienestar personal. La estructura mínima y el enfoque en productos personalizados le permiten planificar mejor los picos de trabajo y contratar apoyo puntual cuando sea necesario.
El punto de inflexión fue la pandemia del Covid-19, que la llevó a replantearse su negocio. Abandonó el modelo tradicional y apostó por una estructura más pequeña, alineada con su estilo de vida. Con solo 24 años, fundó Noelia Bakery en Viladecans.
El crecimiento fue rápido y el éxito fue inmediato, pero también implicó la necesidad de contratar a más personas para manejar la demanda. Durante este proceso, el uso de las redes sociales se convirtió en una herramienta clave para dar visibilidad al negocio. La pastelería creció tanto que llegó a contar con seis personas trabajando de forma estable.
Sin embargo, la llegada del Covid-19 cambió todo. El negocio se adaptó a los pedidos online y a la venta de desayunos a domicilio con productos artesanales, lo que resultó en un aumento significativo de trabajo. Aunque inicialmente esto parecía una oportunidad, finalmente terminó siendo un gran desafío.
La decisión de abrir un nuevo espacio también fue un error. El negocio se volvió demasiado grande y Noelia no podía controlar todo al mismo tiempo. Los costes de personal y materia prima absorbían casi todo lo ingresado, lo que significaba que el beneficio era muy limitado.
Con la experiencia acumulada, Noelia decidió traspasar su negocio y rediseñarlo completamente. La clave fue adaptarse a las redes sociales y utilizarlas para crear contenido y construir una comunidad propia. Ahora, la pastelera se enfoca en las tartas personalizadas y recetas originales.
Gracias a este cambio, Noelia logró un negocio más controlado, rentable y compatible con su bienestar personal. La estructura mínima y el enfoque en productos personalizados le permiten planificar mejor los picos de trabajo y contratar apoyo puntual cuando sea necesario.